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sábado, 10 de julio de 2010

El caso de las noctámbulas

Peterson, Vic, El caso de las noctámbulas, Detective, nº 13, Bruguera, Barcelona, 1953, portada de Provensal, ilustraciones interiores de Macabich, traducción de Luis Solas Lara
Sugerente narración que retoma personajes de novelas anteriores y que elabora una trama altamente compleja donde confluyen mujeres turbadoras, estafadores, espías y detectives que quieren imitar a los personajes de la novela y el cine negro.
Carl Baxter es un documentalista para el cine de Hollywood que se encuentra ejerciendo de detective privado en la agencia Flanagan tras los avatares de El caso del viudo alegre; asesorado por un viejo periodista, Agnus Alistair, decide imitar a los detectives del cine y de las novelas para crearse una personalidad profesional convincente.
Sentado en su despacho, recibe la visita de Marcia Wilmott, una rolliza y sensual taxidermista que viene a solicitar ayuda al detective tras haber advertido algo raro en las proximidades de su casa; imposibilitada de dormir por los lloros de unos niños gemelos, de noche descubrió a su madre, la señora Brent y a su esposo, Percival Brent, cargando el cadáver de Franklin Arliss, el primer marido de la señora Brent que había fallecido en Corea. Igualmente durante esa noche vio a otro vecino, John Smith, en una situación algo indecorosa con la bella y famosa cabaretera Deborah Dickson. Ella y su sobrina Bárbara son las noctámbulas del título que desencadenan toda la acción.
Poco después Baxter recibe la visita de Smith, quien le insta y amenaza a abandonar el caso y poco después también se encuentra con Cris Seldon, otro detective privado que le anima también a dejar la investigación; en realidad ambos creen que está investigando a Smith cuando en realidad su caso es el de los Brent. No obstante ello, el sorprendente suicidio de Smith le lleva a sumergirse de modo voluntario en este caso. Así, para sonsacar información, engaña y seduce a una compañera de cabaret de Deborah, la bella Junis Palmer descubriendo así que Seldon, Deborah y su marido, Dexter, tenían montado un entramado de chantaje donde ella seducía un hombre casado, Dexter aparecía como marido iracundo que aparentaba morir tras una reyerta y Seldon como el negociante que extorsionaba. Baxter desenmascara el caso y es brutalmente agredido aunque la intervención del FBI y del agente Cardigan le salva. Recuperado, intenta resolver el caso de los Brent descubriendo, tras una inmersión en los más bajos fondos de San Francisco que la señora Brent y Percival Brent estaban legítimamente casados tras la aparente muerte de Arliss y que éste, prisionero en Corea del Norte, había aceptado convertirse en espía comunista para en realidad ser un topo infiltrado en la organización para así desbaratar los planes de los enemigos de América. La aparente muerte de Arliss fue una mascarada para engañar a la cocinera de la familia Brent y poder mantener así en secreto que Carliss estaba vivo para que así pudiese seguir su labor de espía.
Baxter, tras vivir situaciones de altísimo riesgo, se da cuenta de que la carrera de detective no es la suya; decide volver al amor de la bella Hazel, de la que se había enamorado en la novela anterior, mientras Marcia Wilmott y el agente Cardigan inician una sólida relación
Buena novela con dos complejas tramas hábilmente dispuestas y resueltas; lo mejor del relato es la identidad de Baxter, detective ocasional que se ve inmerso en unas tramas que, aunque las sabe resolver, le desbordan por su complejidad y por el contacto que suponen con el mundo de la violencia, la delincuencia o el espionaje. En esa voluntad metaliteraria de imitar a los personajes de la ficción, Baxter recoge los tópicos del género y llega a actuar comme il faut, siendo especialmente sugerente su trato con las mujeres seductoras. El retrato de los bajos fondos es creíble y atmosférico y así, la taberna Punta lobos constituye un espacio descrito con notable intensidad. El desenlace de la novela, donde el héroe se asusta y decide volver al redil de la vida burguesa se cierra con un apunte crítico cuando su esposa, tras recibir un beso de Baxter:
“Mas pese al beso de sincero amor que recibió, Hazel Baxter pensó que en el porvenir iba a tener una rival difícil: la imaginación del que, en cierto modo, como Franklin Arliss, prefería la aventura a la placidez del matrimonio.” (p. 127)
Este beso burgués de Baxter, cuán distinto es del beso que puede imprimir en los labios de una cabaretera cuando ejercía de private eye:
“- Me gusta siempre ir de frente, Junis. ¿Es este el carmín del fatídico trece?
Ella en pie, se tocó los labios, sonriente.
-Créalo o no, es mi color natural.
-Si pudiera comprobarlo, el reportaje quedaría mejor documentado.
-Sin insistir...-musitó ella, cerrando los ojos y adelantando el busto.
Se desprendió al cabo de un largo instante, para comentar:
-La censura no le admitiría esta escena, Carl. ¿Dónde le enseñaron a besar así?” (pág. 57)

martes, 5 de enero de 2010

El caso del amable pistolero


Peterson Vic, El caso del amable pistolero, Colección Detective nº 22, Bruguera, 1953, Portada de Provensal, Ilustraciones interiores de Antonio Parras, Versión castellana de José Herrera
Buena novela negra protagonizada por un peligroso delincuente que, seductor y amable, viaja por medio mundo a la búsqueda de un comprometedor documento. Un par se sorpresas finales le dan la vuelta a la narración sorprendiendo al lector.
Tony Orlando, nombre falso del mafioso Charles Renzio, está instalado en un hotel de lujo en Coral Gables, Miami. Viene de Tampa, donde en una refriega con la policía ha asesinado a dos federales y ha visto morir a Overlook, un hampón que le servía de contacto con la misteriosa jefa -Heroína es su alias- de una banda dedicada al tráfico de drogas. Del bolsillo del mafioso agonizante extrajeron Orlando y su socio Errol Norton una carta donde se desvelaba la identidad de Heroína pero Norton ha desaparecido camino de París con el documento. Orlando es convocado por Heroína y allí Orlando asesina a un delincuente que se preparaba a matarle; para tener una coartada perfecta seduce a una chica del hotel a la que narcotiza y altera su reloj mientras arregla las cuentas con su asesino. Recibe la visita de la policía, deseosa de detener al asesino de dos compañeros y viéndose acorralado por la autoridad y por el hampa., decide ir en busca de Norton para recuperar el documento, que puede convertirse en su salvoconducto para vivir. De Miami a La Habana y de allí a París, Orlando se da cuenta de que es vigilado por la banda de Heroína; en la ciudad francesa encuentra a Norton quien le había explicado cómo en caso de encontrarse en una situación de riesgo enviaría la carta a una chica de Tánger a la que conocía muy bien; poco después Norton es degollado en el hotel de París donde estaba Orlando instalado y éste decide, vía Madrid, ir hasta Tánger a la busca de esa amiga. La encuentra como la sensual cantante de Chez Susy y descubre que Susy es en realidad la hija de Norton y consigue recuperar la carta. Cuando parece que el desenlace va a desembocar en una sangrienta refriega, Orlando y Susy vuelven a Estados Unidos; allí se descubre que Orlando, en realidad, no es Charles Renzio, como hemos creído -personajes y lectores- a lo largo de toda la novela, sino un viajante de comercio que le recogió agonizante tras la refriega de Tampa y que escuchó sus últimas palabras. Alimentado por la codicia, decidió suplantar su personalidad y como era un excelente tirador pudo sobrevivir al intento de asesinato de Miami; ahora, enamorado de Suzy, ha decidido entregar a la policía el documento que desvela la identidad de la jefa de los narcotraficante y empezar una nueva vida de hombre felizmente casado.
La novela destaca por su intenso aire cosmopolita donde la ociosa vida de Miami da paso a una hermosa primavera en París y más tarde a la descripción de la bulliciosa Tánger; el personaje Orlando, el “amable pistolero” , mientas le creemos un mafioso puro y duro tiene una notable fuerza por su condición de asesino y de individuo extraordinariamente hábil; cuando sabemos que es un simple viajante de comercio quizás pierde fascinación aunque nos sigue sorprendiendo su habilidad para sobrevivir. Camino de Tánger, Orlando lee un par de “novelas que había adquirido en el quiosco apenas estuvo en posesión del pasaje. Examinó las dos portadas y los títulos, indeciso. Le atraía más ”El Forajido” que “Fuego en el rancho”. Pero en ésta la portada era suculenta. Una pelirroja medio vestida, debatiéndose entre los brazos de un velludo y barbudo rufián del oeste” (p.65); un personaje de novela popular leyendo una novela del oeste no deja de ser un sugerente ejercicio metaliterario.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Una lápida de marmol rosa

Briggs, Arnold, Una lápida de mármol rosa, Colección Detective nº 21, Bruguera, 1953, Portada de Provensal, Ilustraciones interiores de Juan Antonio Parras, Traducción directa del inglés de Antonio López (título original, A pink memorial stone)
Excelente novela negra con detective salido de la prisión que, siendo inocente, se ve arrastrado a enfrentarse con el crimen de más baja estofa pero que también se encara con la corrupción y falsedad de las clases pudientes.
Archer Brumel provoca una reyerta en un bar de Nueva York en Nochevieja. Él es un detective que acaba de salir de la prisión donde estaba cumpliendo una pena por homicidio; mató involuntariamente y en defensa propia a su socio cuando descubrió que éste escondía bajo su negocio un red de tráfico de drogas. En el “Trocadero” encuentra a un viejo amigo, Adrian Wilcox, acompañado de la bella Silvia Marcy; Brumel le reprocha que deje a su esposa -una antigua prometida suya- en noche tan señalada y eso provoca el rifirrafe. Todo se resuelve cuando Wilcox explica que Silvia es una amiga de la familia y que él está felizmente casado.
Al día siguiente Archer recibe la visita de Silvia quien le informa que Wilcox se ha suicidado y de cómo sospecha de que todo ello se trata de una trama asesina urdida por los Marcy, que, al no poder declararla loca, quieren matarla y han envenenado a Wilcox para que no desvele un secreto que podría hundir su fortuna y su reputación. Ésta no la única vista que recibe Archer; poco después es acosado por dos rufianes, Minelli y Marloy, antiguos compinches de su socio muerto, quienes le quieren obligar a que desvele dónde guardó el fallecido un alijo de marihuana. La trama se complica aún más cuando Silvia desvela a Archer que ella tiene una enfermedad cardiaca congénita que la matará en breve pero que tiene guardado el secreto de los Marcy en la consulta del médico que lleva su caso, el doctor Elliot
Archer es secuestrado y torturado por los rufianes -aunque consigue escapar-, Silvia muere en extrañas circunstancias y el detective recibe su legado, una lápida de mármol rosa donde se desvela que los Marcy han hecho su fortuna a partir de una gran estafa. La visita a los ricos Marcy parece demostrar la corrupción de esta rica familia pero finalmente se desvela que en realidad Silvia estaba trastocada, Wilcox se suicidó inducido por ésta y ella murió a causa de su enfermedad. Minelli y Marlow son detenidos, Archer confiesa a la policía el paradero del alijo demostrando así que en ningún momento tuvo que ver con los tratos de su socio. Finalmente Archer recibe una invitación para formar parte de la policía al tiempo que inicia una relación con la viuda de su amigo Wilcox, Ann, a la que siempre había amado.
Intensa novela negra con buenos personajes que se enfrentan movidos por circunstancias extrañas. Archer es un excelente protagonista y en su condición de héroe caído que necesita una redención lleva con solidez el peso de la narración. Los secundarios, especialmente Silvia, son altamente interesantes y destaca el relato por la brillantez con que el autor describe los diversos ambientes sociales. La novela tiene un desenlace algo decepcionante y precipitado pero tiene pasajes de notable intensidad estilística -“Pero hay noches en que hasta el menos imaginativo se encuentra de pronto hueco por dentro, solo y como un náufrago a punto de sumergirse sin salvación” (p.5)-, nombres de personajes con una notable carga semántica -de Archer Brumel a Orson Minelli- y algunas frases memorables: “Hemos nacido para equivocarnos y tratar de corregirnos” (p.94)

sábado, 7 de noviembre de 2009

El caso del premio de belleza

Peterson Vic, El caso del premio de belleza, Colección Detective nº 8, Bruguera, 1952, Portada de Provensal, Ilustraciones interiores de Macabich, Versión castellana de José María López Sans
En la Nueva York de los años cincuenta, la muerte de un importante hombre de negocios desencadena una investigación múltiple que desvela los secretos de la gran ciudad en una novela alambicada y confusa pero repleta de interesantes aciertos.
El periodista Conrad Regan investiga la muerte del influyente Walter Ludington y la detención de su asesino, el mafioso Bert Gentilini. Ello le lleva a conocer -y a enamorarse perdidamente- de Eva Duncan, hermosa mujer ganadora de un premio de belleza que un día antes de la muerte de Ludington había bailado con él y un día antes de su detención había pasado la velada con Gentilini.
Ludington era el testaferro del poderoso magnate Teo Schiffers, cuya esposa, Myrtha Westland, había contratado a Gentilini para que vigilase las gestiones que llevaba a cabo el hombre de confianza de su marido antes de empezar los trámites del divorcio. Regan descubre una compleja trama económica tras el crimen y ello lo hace en compañía de dos detectives que casualmente encuentra, Red Wolfsing -antiguo camarada en la guerra- y Dick Tackey. La sorpresa se acrecienta cuando, en una situación difícil tras ser secuestrado por la banda de Gentilini, Regan es liberado por la intervención violenta de Eva Duncan, quien le expone que es una detective privada que tiene una agencia en compañía de otra mujer, -Cristina Rochester- y que está también investigando el crimen.
El avance de la investigación se desarrolla por confusos meandros descubriéndose que tras el crimen, que no podía haber cometido Gentilini, había unos millonarios intereses generados por la compra de unos terrenos en Colombia que encubrían un tráfico de armas destinado a desestabilizar el país. Igualmente se descubre que Schiffers tenía una amante que no era otra que Diana Ludinngton, la hija de su testaferro. Tras un lance amoroso con el detective Tackey ésta aparece asesinada creyendo el detective que él es el culpable.
Eva Duncan trabaja con la policía mientras Wolfsing se esmera en descubrir la inocencia de su amigo y Regan se emborracha en los bares, pues no se siente correspondido por Eva. Poco puede suponer el lector que, en una última vuelta de tuerca, se desvele que el asesino de Ludington padre e hija no sea otro que Regan que, contratado por Teo Schiffer, quería evitar el chantaje de los Ludington quienes le amenazaban de desvelar su origen negro. Regan se entrega y es condenado a muerte, igual como le ocurre al poderoso Schiffer.
La novela es bastante confusa pues el autor teje una compleja telaraña de personajes que se embrolla a medida que avanza la acción; no sabemos quién lleva el peso de la investigación, si Duncan, Regan, la policía o el dúo compuesto por Wolfsing y Tackey. La sorpresa final supone una pirueta narrativa de alta complejidad lo que sin duda provoca esa sensación de confusión y extravío que ha acompañado al lector a lo largo de la novela. No obstante ello, el relato tiene sus puntos de interés como el hecho de que esté sólo constituido por acción, acción y acción; apenas hay descripción o retrato de personajes. Sólo pasan cosas en un frenesí que en algunos momentos es absolutamente descontrolado. Por otro lado el personaje femenino de Eva Duncan -atractiva, invencible en los combates físicos, tenaz e intelectualmente brillante- y la idea de una agencia de detectives formada por mujeres le confiere al relato una incuestionable originalidad aunque no es menos cierto que todo ello va salpicado de comentarios machistas de los personajes masculinos que abogan por la vuelta de la mujer a sus labores domésticas.
El final triste, donde Myrtha ve cómo su marido., al que en e fondo amaba, muere y Eva asume que ha condenado a la silla eléctrica al único hombre que realmente se había enamorado de ella, también es interesante por su singularidad dentro del panorama habitual de finales felices. Parece claro que el autor se ha sumergido en los modelos novelescos norteamericanos por trama, personajes, ambientación, ritmo y estilo aunque el resultado no sea plenamente satisfactorio.

sábado, 24 de octubre de 2009

El caso del viudo alegre

Peterson Vic, El caso del viudo alegre, Colección Detective nº 5, Bruguera, 1952, Portada de Bosch Penalva, Ilustraciones interiores de Macabich, Versión castellana de Pedro Rodríguez Salas
Novela negra pura y dura con detectives privados que saben encajar los golpes -o deben aprender a ello-, ricos corruptos, mujeres hermosas y traicioneras frente a chicas hermosas y nobles urdiendo una trama compleja pero bien resuelta con un sorprendente final. Una novela de madurez plenamente integrada dentro del género negro donde el autor se permite burlarse un poco del género al crear un protagonista que quiere imitar los gestos, forma de vestir y forma de hablar de los personajes ya clásicos del género.
En San Francisco, en abril de 1950, Carl Baxter es un apuesto escritor que trabaja como asesor histórico de los Estudios Dickson. Ha alquilado una oficina en un edificio y un día recibe la vista de un vecino que, semi inconsciente, entra en su despacho y se desmaya. Se trata de Bruce Flanagan, detective privado, que acaba de ser asaltado por una mujer traicionera y que le ofrece a Baxter el puesto de colaborador. El escritor acepta y decide imitar a los protagonistas de novelas y libros que ha leído.
Flanagan investigaba el entorno de Clifford Brandon, un millonario que recientemente había enviudado y llevaba la vida alegre que subraya el título; su secretaria, Hazle Reding, fue quien le asaltó. Baxter, pocos días después, recibe la visita de una mujer misteriosa que no es otra que Dafne Brandon, la esposa fallecida. Pasmado ante el descubrimiento descubre en un armario del despacho el cuerpo sin vida de Flanagan, asesinado.
La policía irrumpe en el caso y le piden a Baxter que se retire, cosa que él no hace pues necesita muchas explicaciones. Visita a Brandon y después sigue a su secretaria, Hazel Reding, hermosa y fascinante, de quien queda enamorado. Posteriormente vuelve a encontrarse con Dafne que le confiesa que el presunto accidente que acabó con su vida fue un asesinato perpetrado por su esposo; ella quiere ahora acorralarlo para que vuelva con ella, tal es el volumen de su amor; preguntada sobre cómo es posible que haya un cadáver sepultado con su nombre ella explica que se encontró el cuerpo sin vida, desfigurado y flotante de una muchacha a la que vistió con sus prendas y joyas.
La novela recoge la investigación de Baxter y cómo advierte que Brandon tenía oscuros intereses en Costa Rica, cómo Flanagan los iba a desvelar y cómo esa podría ser una de las causas del asesinato. Baxter, que cree que la bella Hazle le ha engañado, sigue esta línea de investigación y acorrala al multimillonario ante su esposa viva pero al final la novela da un giro sorprendente y muy bien trabado pues se desvela que Dafne era una pérfida mujer que había seducido a unos de los secuaces de su marido, que ambos habían secuestrado y asesinado a la muchacha para llevar a cabo la sustitución y que habían asesinado a Flanagan pues éste había descubierto su jugada. Al final Baxter se casa con Hazel quien le demuestra su sincero amor, al tiempo que decide seguir trabajando como investigador privado.La novela destaca por su aire clasicista que muestran como Debry había leído a Hammet y a Chandler y había visto muchas películas de cine negro: despacho de un detective en un edificio de oficinas, cristal esmerilado, llegada de mujeres hermosas, visitas a las lujosas mansiones de los poderosos, trama con final sorprendente, fascinación erótica por la femme fatale y por el hombre duro y perdedor. La novela se sostiene con pulso firme de principio a fin, con buenos personajes y con esa voluntad del protagonista de “imitar” a los héroes de ficción; como todas las novelas de la colección Detective, inventa la figura del traductor para dar verosimilitud a la identidad real del autor, Vic Peterson.

domingo, 26 de julio de 2009

La mujer con dos sombras

Briggs, Arnold, La mujer con dos sombras, Detective, nº 33, Bruguera, Barcelona, 1953, traducción de Guillermo Delgado
Inicial versión de la novela Sombras mortales, una obra de 1965 ya reseñada en este blog. En esta primera versión la narración es algo más prolija y rica en personajes secundarios; de esta versión a la del año 1965 hay un proceso bastante complejo de reelaboración. Se suprimen fragmentos y personajes y se reelaboran textos y diálogos, no sabemos si para modernizar los contenidos y el estilo o para despistar a aquéllos que podrían reconocer la inicial versión de la novela.
Aparece una de las primeras referencias explícitas a Simenon i Maigret, “no ignoraba que le apodaban “Maigret” por su cachazuda corpulencia y su constante afán por vigilar las estufas” que nos habla de la evidente francolfilia del autor y de cómo Simenos, en 1953, empezaba ya a ser un autor popular en nuestro país.
Como en muchos de los títulos de la colección Detective, la referencia al traductor se lleva a cabo para reforzar la credibilidad de la existencia del autor foráneo que firma la obra.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Brigada fluvial

Briggs, Arnold, Brigada fluvial, Colección Detective, nº 17, Bruguera, Barcelona, 1953, portada de Provensal, traducción (¡) de Francisco Gomez Llopis.
Un correcta novela negra con crímenes encadenados, violencia extrema, mujeres de apabullante sensualidad y un escenario, Nueva Orleáns, que da a la narración una especial atmósfera cosmopolita y sugerente.
Un hombre aparece con un puñal clavado en la nuca flotando en los pantanos que rodean la ciudad de Nueva Orleáns. Es el segundo caso en pocos días y la policía encarga el caso al lince Graham Colbert, un brillante policía apodado el Judas por ser hijo y hermano de hampones de renombre en la ciudad.
Colbert empieza su investigación y ello le lleva a visitar diversos tugurios y a enfrentase a su hermano Fox que, aunque delincuente -un simple contrabandista-, es un tipo noble que no perdona a su hermano su cambio de bando. Todo ello cambia cuando Graham, investigando el caso de los puñales y advirtiendo que las ya tres víctimas tenían algo en común, recibe una brutal paliza que le deja malherido e irreversiblemente ciego,
La ceguera de Colbert le lleva a las puertas del suicidio pero su hermano asume su cuidado con la ayuda su actual amante, la bella artista Carolina Depré, que canta como la Piaf y la Greco y que emociona con su versión de “Les feuilles mortes”. Los dos hermanos, uno como mente pensante y el otro como brazo ejecutor, empiezan a desarrollar su investigación y ello les lleva descubrir que los tres asesinados formaban parte de un grupo de siete náufragos que se salvaron de un extraño hundimiento; en la investigación que dirige desde su ceguera Graham, Fox queda fascinado por la figura y sensualidad de Marian Bellamy, también cantante, y descubre que tras el naufragio había una compleja trama de contrabando de lingotes de oro que empezaba en Australia, seguía en Colombia y culminaba en Nueva Orleáns. Tras diversos avatares en los que Fox actúa bajo diversas máscaras, se desvela toda la trama y se descubre que Carolina era una cómplice de los contrabandistas y que Marian era una policía australiana que estaba siguiendo el caso. Graham resuelve, pues, el caso, y Marian y Fox inician una relación amorosa.
Un texto interesante que en algunos momentos aparece envuelto en una cierta confusión argumental pero que se redime por innegables virtudes: la figura del detective ciego y su desesperación que le acerca al suicido, la presencia de mujeres sensuales que turban a los personajes de la narración, las sórdidas escenas de palizas callejeras o la dignidad de Fox, un delincuente redimido por su amor fraternal. Igualmente, los pantanos de Nueva Orleáns y el aire cosmopolita de la ciudad otorgan a la novela un magnífico escenario. Aunque la novela es algo irregular, de vez en cuando aparece alguna perla impresionista:
El ayudante y los tres policías se marcharon. Sus linternas fuero moteando de repentinas aureolas espacios cada vez más alejados” (p.6)
A destacar cómo la novela aparece con la indicación del título original, River Brigade, y la identidad del traductor, Francisco Gómez Llopis, un artificio del editor -o quizás del propio Debrigode- para dar mayor verosimilitud a la identidad anglosajona de Arnold Briggs.