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domingo, 24 de octubre de 2010

La hora del asesino

Debry, Peter, La hora del asesino, Punto Rojo, Bruguera, Barcelona, 1965, portada de Samper, ilustración interior de Costa.
Compleja novela negra donde se encadenan protagonistas y tramas narrativas con notable habilidad aunque el desenlace tenga un cierto aire precipitado. Excelentes personajes, corrupción policial y social, mujeres atractivas, acción intensa... Un ejemplo de un Debry comercial pero capaz de crear artefactos de gran intensidad.
Dudley Kerrigan es un detective privado de Nueva York “ex leñador, ex capataz minero y ex campeón de los semipesados en los “marines” en Corea” (pág 6) que advierte como un aparente matón le sigue; éste es el gangster Ed Atilano, quien le propone un misterioso encuentro con su jefe quien, asustado, ha pedido a su hombre de confianza que le ponga en contacto con Kerrigan, un detective con fama de inteligente. Ed Atilano es un bronco matón que cuando llega a la guarida de su jefe, Harold Michael, uno de los hampones que controla los puertos de Nueva York descubre que el guardián Slim O’Grady ha sido asesinado; intuyendo que su jefe también lo ha sido decide crearse una serie de coartadas al tiempo que intuye que debe contactar con otro de los jefes de los sindicatos y rival de Michael, Clemens Brizzi. Viendo que se avecinan tiempo duros fantasea con la posibilidad de casarse con Eva, la bella y casta secretaria de la tienda de elementos navales de los solterones -y apocados- Gaskell & Hamilton, a los que extorsiona ofreciendo protección. Mientras tanto, Kerrigan recibe la visita de una misteriosa mujer en su oficina, una bella chica que, herida, se desmaya y que resulta ser Flora Brizzi, la hija del mafioso Clemens Brizzi; ésta le cuenta cómo fue a casa de Harold Michael, que la encuentra muy atractiva, para proponerle un acuerdo amistoso entre sindicatos, cómo Michael intentó abusar de ella y de qué manera en el forcejeo quedó herida; lo que ahora quiere Flora es que, bajo la amenaza de contar a su padre lo sucedido, Michael acepte el acuerdo entre hampones que le propondrá en condición de emisario el detective Kerrigan. En comisaría, el muy duro y violento sargento John Marchitto recibe una llamada anónima avisando de la muerte de O’Grady al tiempo que también recibe el aviso de que se ha encontrado un cadáver desfigurado flotando en el puerto; el hecho de encontrarlo en una zona limítrofe le obliga a trabajar junto al apuesto y elegante inspector Norman Kelly y el equipo de éste descubre que el cadáver, aunque lleva la documentación y la ropa de Harold Michael, podría no serlo pues está totalmente desfigurado; la investigación descubre que el cadáver corresponde al periodista Melvin H. Cramer, un valiente reportero que había denunciado la corrupción de los docks sometidos al control de los sindicatos mafiosos y la connivencia de algunos agentes de policía con esta situación. Por su parte, Atilano, deseoso de flirtear con Eva, se desplaza a Gaskell & Hamilton donde se encuentra con Joey Martyn, un atractivo matón californiano que parece querer conseguir los favores de la muchacha y liberar a G&H de su extorsionador; la pelea que se entabla entre ellos acaba con ambos en la cárcel pero tras conseguir Martyn de forma sorprendente un revolver y una matraca se fugan y se esconden; allí Martyn explica a Atilano que está casado y que en realidad es un agente federal que está investigando la corrupción policial y que por eso tuvo las armas que le permitieron la huida. Atilano recuerda que Michael, su jefe, le había indicado que una vez muerto se pasase por su panteón lo que hace pensar a Martyn que todo el montaje con el cadáver de Cramer era una estratagema para avisar a Atilano que se pasase por el cementerio donde le daría algún tipo de información. Por su lado Kerrigan sospecha que ha sido víctima de una encerrona pues la visita de Atilano y la posterior de Brizzi -ambas alrededor de la figura del desaparecido Michael- son demasiado coincidentes. La investigación de Kelly le lleva hasta Clemens Brezzi y su lugarteniente Alex Simmons quienes confiesan que la visita de Flora a Michael buscaba crear una tensa situación en la que Kerrigan, de forma inocente, tendría la función de convertirse en el mensajero de la propuesta de fusión entre sindicatos. Kelly sospecha que el asesino es un policía que primero mató a O’Grady y luego al periodista Cramer por accidente pensando que era Michael y que éste se ha escondido porque el asesino-policía sabe muchos secretos suyos y va en su busca por un caso pasado. Atilano y Martyn se desplazan hasta el cementerio donde se encuentra Michael vivo quien explica que el asesino es un policía; con lo que no cuenta es con que sea asaltado por el asesino misterioso que inmoviliza a Atilino y Martyn y desvela su identidad: es Kelly, quien, como había explicado previamente en un terreno teórico, vio como su amada Jessy emigró desde Irlanda y fue seducida y engañada por Michael y después se suicidó carcomida por la culpa. Cuando se dispone a matar a Michael éste dispara y ambos mueren al tiempo que llega Marchitto a tiempo de recoger las últimas palabras de Kelly. Finalmente Martyn ayuda a Atilano a redimirse y le ayuda a convencer a Eva de que será un buen marido y un buen socio para Gaskell y Hamilton.
La novela empieza de forma vibrante con un excelente detective Kerrigan y un impecable matón como es Atilino. La acción avanza firme y sólida y mejora con la irrupción de los policías Marchitto y Kelly y sólo al final, con la irrupción del agente federal Martyn la acción se embrolla algo y se resuelve de forma algo precipitada y forzada pues desaparece el personaje de Kerrigan y Kelly hace referencia a un pasado cuya existencia desconocíamos y que aparece como por arte de birlibirloque. Los primeros capítulos son intensos, de la mejor novela negra, con detectives, hampones, barrios portuarios y mujeres atractivas. La violencia y sobre todo la pulsión sexual se expande por la narración con un firmeza considerable enlazando la ficción con la mejor tradición del cine y la novela negra y lo hace con un estilo certero y preciso, donde abunda la frase corta y el diálogo preciso. “Bien mirado, aquella jamona no estaba del todo mal. Redonda donde correspondía y con cara de bobalicona, como le gustaban para sus escarceos y retozos” (pág. 19). O “Atravesó la galería y examinó complacido el reverso femenino, en lenta ascensión, desde los altos tacones puntiagudos hasta el negro cabello que en la nuca formaba un rodete. (...) Ella se sobresaltó, volviéndose. El anverso superaba al reverso. Unos ojos azul violeta, , una boca golosa, y detalle llamativo, nada de maquillaje.” (pág 23-24) O el diálogo “-No olvidaré su generosa actitud, Kerrigan. Soy rica. -Y lo está.” (pág 34)

jueves, 15 de abril de 2010

Cabezas flotantes

Debry, Peter, Cabezas flotantes, Punto Rojo, nº 620, Bruguera, Barcelona, 1974, portada de Desilo
Sólida novela policíaca en la que el protagonista se ve casualmente inmerso en una compleja trama urdida con la intención de llevar a cabo una venganza. Sobria, compleja y perfectamente construida, la novela demuestra la maestría de un Debry maduro que domina a la perfección los mecanismos del género y el formato del bolsilibro.
Frank Stevens es un genuino trotamundo; experto en criptoasiriología y pintor, gusta de vagar por California durmiendo en cualquier rincón. Llegado a la playa de Hoyo Solitario escucha unos disparos y ve como un hombre, aterrorizado, huye de una finca donde se columbra una mujer con un rifle. Stevens le esconde y éste le confiesa llamarse Bruce Donovan al tiempo que le explica cómo un tal King Colbert quiere matarlo. Poco después llega a la playa la mujer del rifle; se llama Laura Baxter y habla con Stevens hasta que unos disparos procedentes del chalet les obligan a a ambos a una retorno precipitado. Mientras, Donovan parece haberse esfumado.
En la casa ven que el coche ha desaparecido y encuentran unas manchas de sangre; Laura explica que ella no era quien disparaba, que cogió el rifle por casualidad, que Donovan, su reciente marido, huyó aterrorizado diciendo el nombre de Colbert... Ella no quiere avisar aún a la policía pues su primer marido, Roland Anderson, murió en extrañas circunstancias y fue importunada por la investigación y por los medios de comunicación. Stevens intenta comprender la situación cuando la aparición de una monstruosa cabeza flotante le sume en un estado de brutal perplejidad.
King Colbert es un brillante cirujano de quien la policía sospecha que está implicado en la desaparición de su hermana Dafne. El sargento Trevor le interroga nuevamente sobre el caso a partir de un anónimo recibido en comisaría donde, además de implicarle en el caso de su hermana, se le acusa de la muerte Roland Anderson y de Bruce Donovan. Él lo niega todo.
De vuelta a Los Angeles, Stevens descubre en su mochila un sobre que le dejó Donovan cuando huía; calla el descubrimiento cuando son retenidos por la policía y llevados ante Trevor. En comisaría se les pregunta sobre ese anónimo y sobre el paradero de Donovan: la desaparición del segundo marido de Laura hace aumentar su condición de sospechosa. Stevens encubre a Laura, pues a pesar delos indicios cree en su inocencia y poco después salen de comisaría gracias a la llegada de Clifton Baxter, abogado y tío de Laura. Ya en casa, Steven lee el sobre donde Donovan confiesa conocer un secreto de Laura y que la voluntad de preservarlo fue el móvil por el que mató a su primer marido y a Dafne Colbert. Decide volver al día siguiente a comisaría pero recibe una extraña visita nocturna: la cabeza flotante, que le da un golpe y le deja sin sentido. Al despertar se encuentra una sensual mujer, Judith, una excitante fausse magre, quien le explica que pasaba por allí y que, al ver salir de forma precipitada a King colbert, a quien conocía, quiso ver lo que pasaba.
Al día siguiente Stevens cuenta a Trevor todo lo que sabe al tiempo que se descubre el cadáver carbonizado de Donovan. El círculo se cierra sobre Colbert -que no tiene coartada para explicar qué hacía cuando los disparos pues una mujer, amante suya, le traiciona- mientas Laura es ingresada en una clínica a causa de una sobredosis. Steven la visita y ella le cuenta cómo se le presentó en casa la cabeza flotante y que seguro que fue ese ser misterioso quien le administró la dosis que casi le mata.
Poco después se descubre que, en realidad, la sensual Judith es Dafne Colbert y que ella y Donovan, que está vivo, son cómplices en una siniestra venganza. Dafne era la prometida de Roland Anderson y King, su hermano, le desaconsejó a éste el matrimonio pues consideraba a su hermana una peligrosa esquizofrénica. Casado con Laura Baxter, murió accidentalmente pero ella se juró vengar su muerte de la que acusaba a su hermano y a Laura. Disfrazada con una máscara deformante y cubierto su cuerpo con un dominó negro, su aparición como una suerte de cabeza flotante y la participación de Donovan han permitido incriminar a ambos. Donovan lo ha hecho todo por dinero pero ve que el plan se está saliendo de madre cuando Dafne asesina a Richard Anderson -hermano del primer marido de Laura- para quemarlo y hacerlo pasar por el cadáver de Donovan. Con lo que no contaban ellos era con la perspicacia de Stevens que, atando cabos, ha conseguido descubrir su trama. El secreto que tenía Laura era que su familia era de origen negro pero ella absolutamente inocente en el caso de la muerte de su primer marido. Finalmente, Stevens se enfrenta a los dos malhechores, reduce a Donovan pero está a punto de morir a manos de Dafne, una loca que finalmente es abatida por los disparis del chofer de Clifton Baxter que, desde un segundo plano, le protegía. Donovan, que sólo actuaba movido por la codicia, confiesa y Laura y Stevens inician una sólida relación.
La novela tiene un complejo argumento perfectamente trabado por Debry que sabe sostener muy bien los elementos de una trama extremadamente compleja. El personaje de Stevens es enormemente sólido y aguanta con firmeza los avatares de la acción y el peso de toda la novela. La aparición de la máscara nocturna y la cabeza flotante nos remite a un elemento argumental de la que fue casi su primera novela, El visitante nocturno; quizás, ya en plena madurez creativa, Debrigode gusta de revisar viejos motivos y adaptarlos a nuevos y más complejos artefactos.


martes, 6 de abril de 2010

Asesina en la niebla

Debry, Peter, Asesina en la niebla, Punto Rojo, nº 401, Bruguera, Barcelona, 1969, portada de Desilo
Excelente novela negra donde un personaje vencido por la vida se ve arrastrado a una compleja historia que le permite redimirse como individuo encontrando el amor.
Alex Kimber, antiguo mercenario, gasta sus últimos billetes en The Black Corner un “bar oscuro de esa parte civilizada del infierno que llamaban Londres”. En la neblina alcohólica en que se va sumiendo, una hermosa mujer se le acerca y, tras invitarle a más bebida, le propone, a cambio de dos mil libras esterlinas, que se case con ella. Al día siguiente, con una tremenda resaca, despierta en casa de una pintora, Lorna, quien explica que le acogió porque de madrugada alguien -no sabe quién- lo dejó delante de su puerta. Kimber lee en la prensa del día que un importante financiero ha sido asesinado y cree que todo lo vivido la noche pasada fue un sueño hasta que encuentra en sus bolsillos las dos mil libras. Más perplejo queda cuando descubre rastros de sangre en su gabardina y cuando ve en una foto del periódico que el financiero asesinado es Cedric Garvin y que su hija Maryan ha desparecido; ella es la chica que conoció en Black Corner. Temeroso de que le quieran implicar en el crimen empieza una investigación que le lleva a descubrir que Lorna conocía a Maryan pues le estaba dibujando un retrato y que Maryan estaba prometida a un joven abogado, Percival Mason; decide visitarle y allí descubre a un personaje colérico y temeroso que parece esconder un secreto. De vuelta al estudio, se encuentra con la desaparecida Maryan quien le revela que ambos descubrieron el cadáver de su padre y que Alex, borracho como iba, dejó sus huellas dactilares por toda partes. También le desvela que están casados.
Sabedor de que se encuentra en una compleja situación, Kimber sigue con sus pesquisas descubriendo que uno de los últimos talones que pagó el fallecido Garvin fue a Arnold Adler, un detective privado misteriosamente desparecido hace pocos días. Entrando clandestinamente en el despacho de Adler descubre pistas que demuestran que éste iba tras la pista de Mason; poco después es asaltado y sufre un intento de asesinato del que consigue escapar. Sus indagaciones le llevan hasta la mansión Garvin, donde conoce a la fascinante viuda de Cedric Garvin, la señora Rebeca, quien le informa de cómo Mason, que es de plena confianza, controla las finanzas de la familia; poco después consigue descubrir al matón que intentó asesinarle, Lloyd Crichton, un hampón que trabaja a suelo de Manson,.
Cuando cree haber desvelado toda la compleja trama en que se ha visto inmerso, se desplaza a la casa de los Garvin y allí descubre que Maryan es una desequilibrada y que ella mató a su padre; poco después Mason es asesinado en la puerta de su casa. Maryan parece la culpable pero al final se desvela que Maryan se hizo la loca para proteger a Kimber y que tras toda la trama, la verdadera asesina es Rebeca Garvin, amante de Mason; ella mató a su marido, a Adler, el detective que desveló su infidelidad, y más tarde a Mason. Finalmente Rebeca es abatida por la policía y Alex, herido en el brazo, consigue el amor de Maryan.La novela es magnífica, con un excelente protagonista y unos secundarios de gran fuerza. Debry sostiene con firmeza y solvencia la compleja trama creando situaciones sorprendentes y desconcertantes que sabe resolver y explicar con claridad. El estilo es sobrio, desnudo, y los diálogos tiene una fuerza contundente. Como curiosidad, es interesante advertir la presencia de una referencia televisiva -“Vienes a ser algo así como El Fugitivo” (p.84)- que permiten datar la novela y ver cómo éste nuevo medio de comunicación de masas empezaba a ser un referente popular de enorme trascendencia.

lunes, 15 de febrero de 2010

Arde el petróleo

Debry, Peter, Arde el petroleo, Punto Rojo, nº 605, Bruguera, Barcelona, 1973, portada de Enrique Martín.
Reelaboración de Sirenas tropicales, una novela que apareció en 1950 al inicio de la colección Servicio Secreto y que ya apareció reseñada en este blog hace unos meses.
Excepcionalmente hemos podido consultar una edición de la novela original donde aparecen las anotaciones autógrafas del propio Debrigode en las que marca las correcciones que deseaba llevar a cabo en esta nueva versión de su obra. Este extraordinario documento nos permite advertir cómo el autor dedica sus esfuerzos a modificar sólo los dos primeros capítulos y a eliminar el epílogo que cerraba la novela original, un breve capítulo que permitía encadenar esta historia con su continuación, Gangsters en Casablanca.
La labor que lleva a cabo el autor consiste., inicialmente, en suprimir algunos largos pasajes del texto de 1950; elimina descripciones, modifica la puntuación y acorta párrafos buscando un estilo más directo y cortante. Este ejercicio es muy riguroso al inicio pero a partir del tercer capítulo mantiene al pie de la letra el texto primigenio; incorpora pequeñas modificaciones -G-Men por Gunmen-, corrige alguna errata evidente -de Le agarré para hacerle capataz a Le agarré para hacerle cantar- elimina los títulos de los capítulos -La sangre fría de la ardorosa Luana Vélez- y los sustituye por números romanos que eran propios en los volúmenes de Punto Rojo, pero mantiene la casi totalidad del texto publicado en Servicio Secreto.
El trabajo es riguroso al principio y, sin duda, el estilo gana en intensidad y ritmo con las modificaciones; ahora bien, esto sólo se lleva a cabo, como hemos dicho, en las primeras páginas de la novela. A ello ayuda el hecho de que la narración ya se acopla a ese ritmo cortante y certero en la versión original a partir del tercer capítulo aunque también puede deberse a otras razones más prosaicas. Quizás lo que Debrigode quería con estas modificaciones iniciales fuese sólo enmascarar la novela como una obra nueva; que nadie -ni lectores ni editores- pudiese reconocer que se encontraba ante lo que el propio autor calificaba, con ironía y precisión, como “refrito”. En todo caso, el documento nos habla de una dimensión del escritor de novela popular -su carácter de reelaborador de sus textos- que merece un estudio más detallado.


miércoles, 20 de enero de 2010

Un callejón llamado odio

Debry, Peter, Un callejón llamado odio, Punto Rojo, nº 568, Bruguera, Barcelona, 1973, portada de Enrique Martín.
Impecable, sobria y certera novela negra donde sólo hay acción, una narración sostenida de principio de fin con pulso firme, sin concesiones, con personajes impecables y una bien trabada trama argumental.
Clem Sterling es un detective privado que trabaja para un excompañero de Vietnam, el rico empresario petrolífero Beck Garland. Su misión principal es vigilar a su hermana, Maureen Garland, alcohólica, y a su hijo, Melvin Garland, casado con Sandra Dahl, una cantante que fue novia del mafiosos Joe Cairo. Son días difíciles pues cualquier escándalo puede empañar la campaña del alcalde Martyn, quien se presenta a la reelección apoyado por Garland.
Maureen Garland, prometida a Boy Conrad, es detenida por la policía tras un altercado en el bar de Bill Meyer. Llevada ante el juez, es sacada bajo fianza por Clem Sterling y su compañero de profesión, el detective Harry Castel; para evitar cualquier tipo de publicidad Maureen dice llamarse Carol Finland -es el nombre de su modista- y en vista de su inestabilidad Sterling y Castel deciden ingresarla en la clínica del doctor Alex Virgil; allí trabaja la sensual Lorraine Bruyce que, a pesar de prometida del doctor Virgil, es seducidad por Castel.
Sterling explica la situación al impulsivo Garland mientras intenta seducir a la bella secretaria de éste, Ketty Jadine, pero la situación se complica cuando Joe Cairo aparece herido de bala tras un rifirrafe con Melvin Garlland y cuando Bill Meyer, el propietario del bar donde fue detenida Maureen, chantajea a los Garland explicando que puede decir que quien estuvo ante el juez fue una Garland.
Maureen se escapa del sanatorio, Bill Meyer, después de recibir una contundente visita de Sterling, aparece muerto y poco después la real Carol Finland también es asesinada. Un misterioso chantajista amenaza de nuevo a Berck Gasrland mientras la policía empieza a acosar a Sterling que demuestra estar tras demasiados misterios. Éste consigue esconder a Marvin y a su esposa de las posibles represalias de Cairo al tiempo que Ketty desvela al detective que el doctor Virgil era un chantajista; en una nueva visita a su clínica lo encuentra asesinado.
La trama se desenvuelve con precisión hasta que Sterling acorrala a su socio y ayudante, Harry Castel, y le obliga a confesar que él, obnubilado por la codicia y ayudado por Lorraine Bryce, es el asesino; aprovechando la situación y el chantaje que proponía Virgil, Castel atentó contra Cairo y mató a Meyer, a la inocente Finland, a la pobre Maureen y al doctor. Acorralado por la policía y por Cairo, Castel muere en un tiroteo final al tiempo que Sterling decide abandonare su carrera de detective para casarse con Ketty Jadine e irse a vivir a una isla a vender souvenirs.
La novela, desde el mismo título, es sobria e impecable con un dibujo impecable de personajes; -Sterling es un maduro detective espléndido, pero también Castel, o el potentado y vehemente Garland, o su hermana Maureen o Lorraine -diosa nórdica- y Ketty -una sirena de mares azules.-. No hay ninguna indicación espacial relativa a qué ciudad sirve de marco al desarrollo de la acción y la historia aparece sólidamente trabada y resuelta y en ella no parece ni sobrar ni faltar nada; todo está en su justo lugar. La puesta en escena final que permite la confesión de Castel es brillante (p. 120) pero toda la narración está servida con un estilo impecable, ajustado y preciso: la descripción que en la página 60 se lleva a cabo de una pelea de Sterling con los mafiosos de Cairo es impecable -“Sus enormes brazos enlazaron a Sterling como las mandíbulas de una grúa y apretando emitía Bugs pequeños gruñidos como un cerdo en el comedero (...) Las suelas de Bugs rumoreaban arrastrándose por el asfalto.” En definitiva, una excelente novela que demuestra cómo Debrigode estaba dando lo mejor de sí en esos últimos años de su trayectoria literaria.

sábado, 5 de septiembre de 2009

La cabeza de Salomé

La cabeza de Salomé, Punto Rojo, nº 415, Bruguera, Barcelona, 1970, portada de Miguel García.
Trepidante novela detectivesca en la que el protagonista, casual investigador, se ve arrastrado por una espiral de acciones que le van a permitir desenmascarar una compleja trama criminal
Conrad Doyle es un turista inglés, un traductor e intérprete en vacaciones que está pasando unos días en Sicilia, en Taormina. Un día, mientras contempla desde un acantilado la imponente costa de la isla, una voz misteriosa -un hombre escondido en una cabaña de pastor- le advierte de que una chica hermosa está a punto de ser víctima de un asesinato. La voz le cita para unas horas después en una taberna y allí descubre que su extraño interlocutor es el viejo Old Nick, un inocente y simpático borracho conocido por todos que malvive haciendo pequeñas chapuzas. Cuando se dispone a hablar con él es atropellado con lo que Conrad Doyle entiende que algo de cierto debería haber en sus palabras; empieza a investigar -haciéndose pasar por novelista que busca argumentos- y advierte cómo la gente le quiere apartar de su labor concluyendo que Old Nick ha sido asesinado porque seguramente porque sabía demasiadas cosas.
Doyle consigue la complicidad de un taxista local -Stan Stanley- y de su viejo y asmático vehículo y empieza a intentar desenmarañar la trama; así descubre que Nick conoció a la chica misteriosa en el bazar Paolo y que ésta podía ser Carolyn Morgan, Fausta York o Mabel Atkins. Las tres son bellas pero muy distintas; Fausta es una mujer de acción que ahora, bajo el amparo de la mafia, se ha retirado, Carolyn, es una rubia sexualmente explosiva y Mabel una belleza que deja enamorado al protagonista; ninguna de ellas parece sentirse amenazada.
Carolyn intenta seducir a Doyle pero una noche ambos son secuestrados en un viejo caserón al que habían sido llevados con engaños; allí se da cuenta de que la mujer en peligro es Mabel y esta sospecha se confirma cuando, tras escapar, Mabel, a pesar de tener la protección de su hermano Bertram, le llama y le pide ayuda.
Conrad se dispone a seguir a Mabel y protegerla pero ello se le hace difícil cuando diversos disparos intentan acabar con su vida y cuando ve a Mabel refugiarse en una mansión donde, después, nadie reconoce haberla visto nunca. Allí la esconde Bertram pero una misteriosa visita nocturna -Marc Grant, agente consular- descubre la clave del caso. Mabel será la heredera de la imponente fortuna de su tío si aún conserva una vieja joya, un camafeo donde se muestra la cabeza de San Juan Bautista y la cabeza de Salomé. En caso contrario el heredero será su hermano Bertram, ahora ya principal sospechosos. Tras diversos avatares en los que se desvela la identidad de los mafiosos que quieren matar a Mabel y ver cómo ésta, Conrad y el taxista Stan salen airosos, la novela encierra una sorpresa final pues el instigador de toda la trama no es su hermano Bertram sino Marc Grant, que esperaba, tras la muerte de Mabel, conseguir a través de la esposa de Bertram una parte de la fortuna.La novela es intensa y de ritmo galopante; la presencia de un protagonista hitchcockniano, un hombre normal que se ve inmerso en una compleja trama policíaca le da a la novela una identidad especial pues Conrad Doyle -qué gran nombre-, más allá de una evidente perspicacia y buena forma física, no tiene ningún rasgo extraordinario; un hombre normal que se ve arrastrado por los acontecimientos y que logra, con perseverancia, valentía y un poco de suerte, salir airoso de las situaciones. Es interesante la presencia del taxista cómplice y amigo -un secundario que refuerza esa normalidad del protagonista- y de su vieja cafetera y advertir como la narración avanza con paso firme hasta una sorpresa final que resuelve, prácticamente en la última página, la compleja trama. Es innegable que la novela se resuelve con cierta precipitación pero ello no es obstáculo para que ésta sea sólida y atractiva, con unos buenos escenarios esmeradamente descritos y con la presencia de un erotismo intenso que se da especialmente en la parte inicial de la novela.

sábado, 4 de abril de 2009

Último asalto

Último asalto, Punto rojo, nº 508, Bruguera, Barcelona, 1972, portada de Miguel García
Irregular narración donde se combinan luchadores de lucha libre, traficantes de uranio, balleneros y detectives internacionales.
En Detroit, un luchador de pressing catch de aspecto grotesco, Jerry Palmer, recibe el encargo de pelear seriamente con su contrincante para acallar las muchas dudas que hay sobre la veracidad de su espectáculo; así lo hace pero en el combare mata a su rival. Huye y, camino del Canadá, entra en contacto con el mafioso César Gardini. Éste le ofrece protección si participa en un asalto a un manicomio donde deben liberar al millonario Mark Norton, ingresado por haber matado a su hijo y a su esposa; él acepta y de golpe se ve inmerso en un proyecto consistente en ir a una mina de uranio -propiedad del suegro de Norton- a robar importantes cantidades del material radioactivo; para ello deben embarcarse en el ballenero Groenland, capitaneado por Ernest Javert, y dirigirse a Islandia.
El agente Stan Stork, un ex luchador que trabaja en secreto para el DIS -Departament de seguridad internacional- recibe el encargo de enrolarse en el ballenero al que se dirigen los malhechores para así intentar descubrir toda la red que se esconde tras los traficantes de uranio; así lo hace y por ello se desplaza a Murray Bay donde salva a la bella Hazle Javert, hermana del capitán, del acoso de dos rudos marineros.
El viaje, iniciado con funestos augurios, se desarrolla terrible; el capitán, noble marino, sabe que está transportando a un fugado de la justicia pero acepta el encargo movido por la ambición; lo que no sabe es que uno de los hombres de Gardini, Corrigan, ha tramado con unos piratas el asalto al barco. Éste se lleva a cabo con una brutal matanza de la que salen sanos y salvos los protagonistas; Stork, con la ayuda de un par de marinos, consigue finalmente reducir a los piratas que son colgados del palo mayor. No es la única desgracia; unas ballenas heridas atacan al Groenland a pocas millas de Islandia y el barco es hundido. Llegados ya a tierra, los malhechores deciden seguir con su plan de asalto a las minas de uranio; así lo hacen pero Stork -con la ayuda de Javert- sabe jugar hábilmente sus cartas y finalmente Gardini muere y Norton, un real loco, confiesa qué importantes magnates están detrás de sus proyectos. Hezel Javert y Norton se declaran su amor en medio de las frías ventiscas polares.La novela propone una extraña fusión de universos -mundo deportivo, asaltos carcelarios, viajes polares, piratas, balleneros y uranio- que confieren a la narración un ritmo trepidante; la verosimilitud del artefacto se resiente de ello pero la intensidad de la acción, servida con un estilo cortante y frío como el aire de Islandia, convierten la novela en una lectura interesante que atrapa al lector desde un primer momento.

sábado, 30 de agosto de 2008

Sombras mortales


Sombras mortales, Punto Rojo, 143, Bruguera, Barcelona, 1965. Portada de Antonio Bernal
Excelente novela que se inicia con un primer capítulo de una fuerza tremenda y que luego mantiene un desarrollo intenso donde priman más los personajes simenonianos que no una trama que se resuelve de forma algo precipitada.
1944. París. En los días inmediatamente posteriores a la liberación, dos actrices colaboracionistas -Ginette Prevost y Denise Danglas- se refugian en un palacete de la la Île de la Cité. Una de ellas es detenida por una partida de maquis y, ante las amenazas que recibe decide suicidarse llegando el caso al despacho del inspector Larzac, un hombre sabio, miembro de la resistencia, que ha visto morir a su hijo. Denise es interrogada por el inspector, que decide dejarla en libertad al no tener cargos penales contra ella; el hecho de que hubiese sido amante de Rudolf Hartmann, un jefe de la Gestapo que fue degollado en los primeros momentos de la liberación, no la hace culpable a sus ojos.
Pasados unos pocos días, Denise busca el apoyo de un amigo suyo, Gabriel Dufrety, un decorador de origen corso, un cínico descreído también acusado de colaboracionista al que ella explica cómo desde hace días es perseguida por una sombra mortal, un inquietante individuo que no la deja en ningún momento. Al ver que ni Dufrety ni el comisario la ayudan, Denise decide plantar cara al misterioso individuo y le lleva a cenar al Pomme d’or; allí es asesinado en un reservado.
Lentamente se descubre que Hartmann tenía un importante secreto militar y que por ello fue asesinado, que éste documento secreto -una fórmula de una arma biológica potentísima descubierta en el Stalag 17- estaba guardado por Denise quien quería conseguir dinero por su venta, que Dufrety era en realidad un agente doble que también perseguía los documentos para conseguir dinero rápido y que tras ese secreto también iba no sólo una peligrosa banda de delincuentes marselleses -uno de ellos era la sombra mortal- sino también el hermano de Hartmann, que fue el asesino de La pomme d’or.
El inspector, que al final se casa con una hacendosa burguesa, consigue que Denise se olvide de sus ambiciones y se redima en la cárcel y que los marselleses y Dufrety vayan a Inglaterra donde, en poder del Alto Mando británico, parece estar a buen recaudo la fórmula que ellos aún quieren conseguir.
La novela, soberbia en muchos momentos destaca por su cuidada ambientación parisina, por la elección de un momento histórico dramático para situar una trama policíaca, por la voluntad de ir más allá de los tópicos -los colaboracionistas son tratados más allá de simplificaciones- y por la creación de personajes ambiguos y cargados de matices. Los ecos de Simenon son evidentes -Quai des Orfèvres, un inspector que reflexiona sobre la condición humana, que no juzga sino que se muestra comprensivo con las flaquezas humanas y que al final se casa y lleva una feliz vida burguesa- y éstos se hacen explícitos cuando aparece un amigo de Larzac, el comisario Grandjean, que “no ignoraba que le apodaban “Maigret” por su cachazuda corpulencia, su pipa y su constante afán por vigilar el buen funcionamiento de las estufas” (p.69)
La reflexión final de Larzac la habría firmado el mismo Maigret: “El tiempo es el mejor bálsamo, porque nos da la apacible conformidad de aceptar la vida tal como es, y no como quisiéramos que fuese en los años juveniles. (...) Y era así la vida. Poseer alguien con quien compartir el diario respeto a la rutina.” (p.125).
Una curiosidad; la portada no tiene prácticamente ninguna relación con el contenido de la novela.

domingo, 17 de agosto de 2008

Cazador de fugitivas

Cazador de fugitivas, Punto Rojo, 170, Bruguera, Barcelona, 1965. Portada de Desilo. Ilustración interior de Costa
Correcta novela con una trama algo embrollada pero con aspectos interesantes como pueden ser, una extraña mezcla de géneros -relato de evasión carcelaria, enigma tipo Ágata Christie de unos sospechosos encerrados en un espacio cerrado-, un estilo certero y preciso y sugerentes apuntes sensuales.
Un cazador de fugitivos, Craig Jasper, llega a Guayaquil con la intención de detener a un asesino, Edgard Wilder. Para ello busca la complicidad de una bailarina de striptease, Melba Karel, amante del asesino, que acepta por dinero entregarle. Un vez reducido, el cazador se embarca en una avioneta para devolver a Estados unidos al prófugo. En el pasaje aparece Melba, que quiere ir a Nueva Yok a triunfar, otra bella bailarina de striptease -Diana Harding-, un sacerdote que lee novelas del Padre Brown, dos turbios hombres de negocios -los Quimby- y algún extraño pasajero más. Cuando parece que todo va con cierta anormalidad, Jasper pierde el sentido y despierta en un hospital donde se le informa que el avión tuvo una avería y que sólo unos pasajeros se salvaron -a él lo lanzaron en paracaídas- falleciendo, entre otros, Wilder, que murió carbonizado.
Jasper, tras entrevistarse con las dos bellas mujeres que le atraen pero de las que sospecha algo, recibe el encargo de la Interpol de entrar en una prisión y propiciar la fuga de Larbert, un tratante de blancas, para que así les lleve hasta unos importantes traficantes de dorgas. Lo consigue pero Larbert desconfía de él y lo noquea al tiempo que se da a la fuga.
Larbert recibe el encargo de los Quimby de contratar a las bellas bailarinas para después ellos eliminarlas. Jasper, que está persiguiendo a Larbert, se entera de la trama y decide intervenir; sabe que las chicas están atrapadas, que mintieron al explicar cómo fue el accidente, que querían salvar al bello Wilder porque creían en su inocencia sin darse cuenta de que estaban firmando su sentencia. Una vez descubierto todo, Jasper propicia la fuga real de Larbert y consigue que los supervivientes del avión, asesinos desalmados, sean detenidos, deportados, juzgados y ejecutados. Diana se casa en Italia y Jaspers, con el dinero recibido como recompensa, monta una empresa de maderas en América. Un día tiene noticias de la bella Melba, sueca, que instalada en Estocolmo, regenta un elegante bar. Hacia allí se desplaza Jasper para proponerle una relación estable. Final feliz
En la novela destaca un estilo certero y preciso: “Aparte de ser ambas bonitas, una demasiado vulgar, otra demasiado fina, las dos tenían punto en común: mentían con una abrumadora sinceridad” (p.52), o, por ejemplo “Reaccionó ella en forma extraña. Le besó impulsivamente. Labios frescos, sin ardor. Tal vez querían expresar gratitud. Y se alejó apresuradamente. En la calle, Craig Jasper se tocó los labos. Le ardían.” (p. 100).
Son destacables las descripciones sensuales de las bailarinas “moldeada en su blusa color carne, prendidos a la nuca los negrísimos cabellos, ceñida en su negra falda de abertura lateral, avanzó ella hacia el mostrador” (p.6) y la ambientación americana en Guayaquil -Ecuador- y Colón -Panamá- “Colón. Estrechas calles, salientes balcones de madera, y fauna internacional. Marinos escandinavos, ondulantes orientales, negros, mulatos, eslavos y australianos. Turistas con salakof explorando la jungla nocturna portuaria. Mestizas frágiles, europeas maduras, indias, americanas de todas latitudes, encuadrándose en las ventanas. Abriendo y cerrando maquinalmente sus batines” (p.43)
Destaca el reloj de Jasper “en vez de números, el horario lo componían letras. La LL ocupaba la hora 2 y 12. En el sentido de las manecillas podía leerse: ALL HURT; LAST KILL. Las letras ST ocupaban la hora 9” (p. 13).

sábado, 9 de agosto de 2008

La fosa rebosa

La fosa rebosa, Punto Rojo, 419, Bruguera, Barcelona, 1970. Portada de Jorge Samper
Interesante novela que ofrece un sólido personaje femenino y una muy compleja trama policíaco-financiera que, aunque presenta algunos cabos sueltos, está bastante bien resuelta. Destaca el aire cosmopolita de los personajes, la ya en Debry recurrente ambientación parisina -el retrato del banlieu evoca a Simenon y Malet- y de forma muy especial la concentración temporal. Toda la trama central -que incluye arribada a París, viaje a Ginebra, vuelta a París, intentos de asesinato, investigaciones y persecuciones- se desarrolla en sólo un día.
Dos turbios personajes, Chambord -canadiense- y Grimaldo -egipcio de padre corso-, llegan a París Orly procedentes de Ginebra; se desplazan hasta un bistrot -Clos bar-, donde son atentamente vigilados por el amo del bar -Gil Duclos-y el taxista -Zac Lazar- que les ha conducido hasta la ciudad. Necesitan un intérprete trilingüe -árabe, ruso e inglés- para gestionar una reunión y van a visitar la agencia Rochemont para que les proporcione a alguien sin muchas preguntas; ese alguien es la bella Karen Benedek.
Karen Benedek ha iniciado hace poco una relación con el periodista Pascal Laurent -que tiene un negocio de estafa de turistas con Gil Duclos apostando a los caballos-. Chambord y Grimaldo se llevan a Karen a Ginebra -seguidos por Laurent, que sospecha de los tipos- y llegan al hotel Continental donde tiene lugar el coloquio de bribones internacionales y donde se llega a un acuerdo relativo a una explotación petrolífera en el emirato de Djabelah; se decide que es necesario eliminar a la intérprete para no dejar ningún testigo. Grimaldo accede con ganas de disfrutar unos días de la chica antes de eliminarla pero Chambord se apiada de ella, “Voy a jugarme la piel por ti, pero es que hay momentos en que la fosa rebosa” (p.52) y noquea al corso-egipcio.
De vuelta a París van al Clos-bar donde Duclos -que ha ganado una fortuna con las apuestas sugeridas por Laurent- consigue ayudar a Karen a dar esquinazo a Chambord; éste se reencuentra a Grimaldo y acuerdan retomar su relación profesional para buscar a Karen. Laurent vuelve también a París y descubre que ella ha desaparecido sin dejar rastro. Tras una serie de avatares, se alía con Chambord y Grimaldo y descubren que seguramente el taxista Zac Lazar, debe de tener la clave de la desaparición.
La casa de Lazar, un pied noir, ubicada en el genuino banlieu marginal de París es asaltada por Chambord y Grimaldo, que resulta ser quien intenta asesinar a Karen. Tras un forcejeo, Grimaldo muere accidentalmente al tiempo que Lazar también muere. Chambord y Laurent abren el maletero del taxi de Lazar y allí descubren a Karen.
Al final Chambord les explica que el objeto de la transacción económica no era petróleo sino agua encontrada en medio del desierto, verdadero oro líquido y se convence de mentir a sus superiores e informarles de que Karen ha muerto. Laurent y Karen, casados y ricos con el dinero de la apuestas de caballos, vivos y enamorados, deciden emprender un viaje de luna de miel a Jamaica.

domingo, 3 de agosto de 2008

El asesino es el autor

El asesino es el autor, Punto Rojo, 201, Bruguera, Barcelona, 1966. Portada de Miguel García. Ilustración de Carrillo.
Excelente novela en la que un periodista venido a menos se ve envuelto en una compleja trama donde intereses políticos, chantajistas y fotógrafos de pornografía le llevan a vivir una trepidante aventura policíaca.
David Martel es un periodista buscavidas que, tras una fracasada aventura como buscador de tesoros en Venezuela, vuelve a París a la busca de una oportunidad; va acompañado de Clementine, una bella muchacha a la que hace poco ha conocido y con la que parece haber iniciado una relación estable. Su oportunidad aparece cuando consigue el encargo de filmar un anuncio publicitario; a través de su antiguo jefe, Albert Bogard, consigue contratar a una bella modelo. Todo parece ir bien hasta que muestra el trabajo a su cliente -un milonario argelino- y descubre una extraña filmación; el técnico de revelado, Roland Forest -un amigo suyo que también se dedica a la fotografía “intimista”-, se ha equivocado y ha confundido los trabajos enviando el anuncio de Martel a un restaurador de muebles antiguos, un tal Sacha Korsac. Y viceversa. Martel se desplaza a casa de Korsac para solucionar la confusión pero cuando llega descubre su cadáver y constata la desaparición de su cinta.
Al revisar la filmación que ahora obra en sus manos, Martel y Bogard visionan una extraña mascarada, una extravagante fiesta privada donde aparece Miguel Retamar, un importante político venezolano y Mike Mistral, un cantante en decadencia. Martel se desplaza a visitar la casa de Mistral y a la mujer de Retamar, y detecta que algo se esconde; poco después Forest, confundido con Martel, es asesinado a la puerta de su casa y entra en escena el comisario Lesage. La situación se complica cuando Martel vuelve a sufrir una asalto mortal pero es salvado por dos esbirros enviados por Dolores; cuando quiere que Bogard., que guardaba el film, se lo devuelva, descubre que éste ha sido asesinado; atando cabos decide ir a Suiza, donde creer poder localizar la mansión donde se rodó el film. Allí descubre que esa mansión es un sanatorio de desintoxicación de drogadictos y que allí estaban ingresados Mistral y Retamar, y que la filmación era un documento que los enemigos políticos de Retamar querían utilizar para desacreditar su carrera política y su objetivo de acceder a la presidencia del país. Se desvela la ambición de Dolores y que, tras los crímenes, estaba ella, que quería proteger a su marido y que cometió los asesinatos para recuperar la cinta; tras una persecución y un enfrentamiento entre espías venezolanos, se inicia una persecución en coche que acaba con la muerte de Dolores en el lago Leman.
Martel decide confesarlo todo a la policía y, sintiéndose responsable indirecto de la muerte de sus amigos Bogard y Forest decide titular el texto que elabora como: El asesino es el autor. A pesar de ello, el comisario le descarga de cualquier acusación y Martel decide emprender una vida tranquila como jefe de comunicación de la policía felizmente casado con la bella Clementine, que a lo largo de la novela le ha ido ayudando y demostrándole un amor sincero.
La novela sostiene con habilidad la trama y destaca por sus acertados retratos de personajes, por su ambientación parisina -con visita a la legendaria La closerie des lilas- y por la irrupción de esa clave venezolana que demuestra el conocimiento del autor de la realidad americana. En la novela suenan las canciones de Barrière, Azanavour y Gilbert Becaud, se leen las novelas de 007, se bebe Amer-Picón y se utiliza un estilo preciso donde la primera persona confiere al relato una fuerza especial: “Albert Bogard parecía un campeón deportivo, recién salido de la ducha. Su espejo, al afeitarse, no le debía reproducir la imagen que el mío me proporcionaba. Mi espejo siempre me decía lo mismo: Bebes demasiado para olvidar tu descontento. Fumas demasiado para disimular tu nerviosismo de hombre acosado por tus fracasos” (p.8).Al inició de la novela, aparece un retrato de los dos protagonistas obra de Carrillo que vale la pena incorporar a esta ficha.

domingo, 15 de junio de 2008

Whisky para lobos



Whisky para lobos, Punto Rojo, nº 207, Bruguera, Barcelona, 1966. Ilustraciones de Costa y Altamira.
Novela de inspiración jamesbondiana con agentes secretos con licencia para matar, lujo en la Riviera francesa y mujeres hermosas y sensuales.
El Servicio Secreto francés, harto de espías y filtraciones que lo convierten en el hazmerreír de la prensa, decide contratar a un Ejecutor que elimine a todos los traidores. El coronel Flambert decide asegurarse los servicios de Eric Jordan, un soldado que le salvó la vida en Argelia y al que él cree un agente desalmado. Jordan acepta a cambio de una vida de lujo. Después de haber eliminado diversos sospechosos, decide hacer un viaje a la Riviera con Irma Blondel, la espectacular secretaria de Flambert a la que quiere convertir en su amante. Se desvela al lector que Jordan no es el tal superagente, que salvó a Flambert en Argelia por casualidad y que, para cometer las ejecuciones encomendadas ha subcontratado a un simple rufián marsellés. Una embrollada pero bien aclarada trama permite descubrir que Irma es una peligrosa espía que ha urdido una compleja tramoya para robar el nuevo modelo de la Aviación Francesa. Trepidantes escenas de acción permiten a Jordan abortar el robo, recuperar el aparato y devolverlo sano y salvo a la base quedando convertido -ahora sí- en un verdadero superagente. La influencia de Fleming parece evidente y en la novela destacan los precisos diálogos y descripcions -muy en la línea Peter Debry-, las detalladísimas descripciones sobre cómo conducir una avión o las contraseñas de los espías, precisas citas literarias de Baudelaire -Oh muerte, viejo capitán...- Puchkin, el discurso de Mercurio a la Reina Mab -Su carroza es una cáscara...- (no se dice que corresponde a Romeo y Julieta) y referencias a Verlaine o al Cid de Corneille.

sábado, 31 de mayo de 2008

Máscaras malignas



Máscaras malignas, Punto Rojo, nº 437, Bruguera, Barcelona, 1970.

Novela que combina serie negra con un curioso homenaje a la novela de aventuras de ambientación renacentista y que sorprende por su notable dosis de violencia y su sorprendente trama.
Marc Dambra es un tipo extraño, de aspecto singular, que un día es visto por las calles de París por una bella danesa, Zulma Faroer que decide seguirlo; al poco se descubre que es un peligroso gangster al que la policía va a detener pero que escapa porque asesina disparando a bocajarro a un inspector. La rubia sigue al criminal, perseguido por toda la policía, y le ofrece un curioso trato: integrarse en una banda de secuestradores. Él acepta y es trasladado a un singular castillo propiedad de un viejo loco donde vive la banda de secuestradores. El viejo loco y su hijo demente tiene la estrafalaria obsesión de creer que viven en un palacio renacentista italiano y hacen vestir a todos sus protegidos al modo de la época adoptando personalidades de nobles, políticos y poetas; es herido de muerte uno de los sicarios de la banda -un mexicano- y deciden torturarlo para divertirse pero Dambra lo impide pegándole un par de tiros.
El lector descubre en la página 80, sin haberlo sospechado, que Dambra es un superagente de la policía, Luc Murato, que se ha infiltrado en esa peligrosa banda de secuestradores para detenerlos, que el crimen inicial fue un montaje, que mató al mexicano para evitarle el tormento y que Zulma Faroer en realidad es una chica angelical que se ve obligada a trabajar al servicio de los secuestradores porque éstos tienen a su padre como rehén. Al final Dambra es descubierto, se escapa y finalmente consigue detener a los malvados -su jefe en la sombra era el aparente hijo loco- y el amor de Zulma.La novela tiene un inicio excelente digno del mejor Simenon, luego decae algo con la trama algo esperpéntica de los secuestradores el castillo, remonta con el retrato del protagonista al que creemos un asesino sin sospechar que es un policía y finalmente tiene un desenlace previsible. Curiosa evocación del mundo del renacimiento italiano que había sido consagrado en El galante aventurero, una de las obras magnas de Debrigode en el género de aventuras de finales de los años cuarenta, cuando firmaba Arnaldo Visconti.

lunes, 19 de mayo de 2008

Ejecución a domicilio



Ejecución a domicilio, Punto Rojo, nº 418, Bruguera, Barcelona, 1970
Excelente novela ambientada en el París posterior al 68 aunque con referencias a los años oscuros de la ocupación
Arnal Damián es un exitoso autor de novela popular; corso, vive encima de un bistrot y tiene una tensa relación con su joven novia, Flora, que se ha vuelto hippie y ahora quiere ser pintora abstracta y defensora de la nueva sensibilidad que se vive en la capital francesa -lleva tejanos con la inscripción Carpe Diem- . Un día Arnal recibe una invitación para ir a casa del poderoso magnate Marvelec, propietario de una importante cadena de Grandes Almacenes. En la visita al palacete descubre que Marvelec es un engendro en silla de ruedas y conoce a la excitante hermana, Charmion, a la hija de Marvelec y a su prometido, Bruno. Marvelec le encomienda que investigue una serie de amenazas que ha recibido; ello se debe a que la editora de Damián ha propagado toda suerte de leyendas urbanas alrededor de su escritor. Conoce a Steiner, el duro chofer y guardaespaldas y cuando llega a su casa recibe la visita de Javert, un ex policía corrupto que en tiempos de la ocupación ayudó a Marvelec, judío, y que después ha trabajado durante años para Marvelec. Javert, ahora casi un clochard, no ha superado el asesinato de su esposa y descubrir al culpable es su obsesión; le ofrece a Arnal su conocimiento del clan Marvelec a cambio de que le ayude en su venganza. Charmion seduce a Arnal, se descubre que Bruno es un chantajista, Bruno es asesinado por Charmion... Todo se complica hasta que se descubre -lo hacen Javert, que al final muere tras matar a Steiner, el asesino de su esposa y Arnal- que Charmion en realidad era la hermana de una colaboracionista que murió al final de la guerra pero que realmente no murió sino que, convertida en otro engendro, vive feliz, enamorada -y escondida- con Marvelec.
La novela es muy interesante por el trasunto del propio autor, con ese Arnal -que ya conocemos- de filiación corsa y ese Javert desolado por la muerte de su esposa. Destaca el intenso aire Maigret de toda la novela, con persecuciones por París, gabarras, muelles del Sena, bistrots y personajes en el límite de la normalidad. El estilo es preciso y cortante con excelentes capítulos como en el que dialogan Charmion-Arnal (63-70) o las persecución en coche por los arrabales de la ciudad (80-88) y es muy interesante la dimensión de novelista del protagonista -treinta y tres años, metro ochenta y setenta kilos-, autor de obras como Sudarios en Sudán o Hay cariños que matan, que declara “soy famoso, pero entre la gente sencilla y natural, que compran novelas para entretenerse, no para que los visitantes las vean en sus estanterías” (14).

viernes, 9 de mayo de 2008

Donde la ley no llega



Donde la ley no llega, Punto Rojo, nº 457, Bruguera, Barcelona, 1971. Portada de Jorge Núñez.
Novela de timadores y chantajistas que empieza en Buenos Aires, cuando asistimos al timo que lleva a cabo Milton Burns al conseguir una indemnización millonaria de un concesionario de coches. El capítulo segundo nos presenta a Myriam Vandorf, una chica rica arruinada que urde un brillante timo en Florida. Camino de Europa, Burns se sienta al lado de Vandorf y le descubre que sabe sus secretos de timadora proponiéndole una asociación delictiva. Se desplazan a Saint Moritz donde Vandorf seduce a un jugador de fútbol, Giano Gruber y se casan. Al poco tiempo Burns convence a Gruber para que firme un seguro de vida y poco después lo mata.
Myriam Vandorf, a pesar de cobrar la póliza -cuya mitad se queda Burns- declara odio erterno a Burns, quien aún quiere cometer alguna estafa asociado a ella. Vandorf se va a Nueva York a buscar un matón que elimine a bBrns y en una trifulca callejera conoce a Tony Jackson, autor de novelas policíacas; en realidad es un agente del FBI que estaba sobre la pista de los dos delincuentes y consigue convencerla para que le contrate como secretario personal.
La acción se desplaza a Marsella, donde Burns chantajea a Vandorf para que cometa una última estafa, en la que se implica a otro jugador de fútbol, Roger Vanel. Vandorf contacta con el hermano del jugador, el paradelincuente Marc Vanel, quien a su vez contacta con los hermanos Plessis -Jo, Bebert y la bella Dedé-, un extraño trío feliz de delincuentes que viven en una pequeña isla cerca de Marsella . Estos secuestran a Burns y le roban un peligroso documento que compromete a Vandorf. Ésta paga un cifra astronómica por él y cuando se decide a matar a Burns -estaba encerrado en la casa de los Plessis- aparece Jackson que le indica la necesidad de entregarse a la justicia. Así lo hace, condenan a muerte a Burs, condenan a pocos años de prisión a Vandorf y al final se casa con Jackson.
Una novela algo irregular pero interesante por el aire cosmopolita -Buenos Aires, Miami, Nueva York, Berna, Marsella- por el inicio de la novela -género de timadores de altos vuelos-, por la amoralidad que flota en toda la novela -identidad de Burns, actuación victoriosa de los hermanos Plessis, tortura cruel y brutal de Vandorf sobre Burns-, ubicación en Marsella -ciudad que conoce y donde, cómo no, hay una referencia a los corsos- y la presencia del protagonista escritor de novelas policíacas. Curioso el mundo del fútbol y la referencia a Suiza como país importante en este deporte así como la descripción de un partido en Berna.

lunes, 14 de abril de 2008

Serena en su ataúd



Serena en su ataúd, Punto Rojo, nº 338, Bruguera, Barcelona, 1968.
Curiosa novela ambientada en la Costa Brava -aunque con personajes foráneos casi todos alemanes- donde el protagonista es un buscavidas corso, Berto Duroc, que hace las funciones de relaciones públicas y jefe de seguridad de una exclusiva urbanización.
El argumento es bastante embrollado; la rica Serena es denunciada por sus vecinos, el matrimonio Vernal, a causa del ruido de sus fiestas. Duroc se acerca y descubre una fantasmagórica puesta en escena: Serena en su ataúd, murciélagos, ruidos; lo que parece terrorífico resultará ser un simple elemento disuasorio de ladrones. A partir de ese momento, enfrentamiento con un amante de Serena, Eric Lustig, que poco después aparece muerto bajo los síntomas de un infarto cuando en realidad ha sido asesinado. Entre diversas subtramas y personajes -el cínico periodista Helmut Hengel- al final se descubre que había un gran plan urdido para matar a Lustig y acusar del crimen a Serena por parte del matrimonio Vernal, que se quería vengar así de las gestiones de Lustig que habían arruinado a la familia.
El argumento es confuso y bastante mal resuelto pero la novela se aguanta por el uso de la primera persona, el tono cínico y descreído que Duroc otorga a todas sus intervenciones, las relacione personales y amorosas del mismo con la gerente del centro, Trude Weber, con Serena o con otras amantes ocasionales. Destaca el estilo cortante y muy preciso, el erotismo jocoso -era rubia natural y lo certifico- la modernidad que parece en mil y un detalles- coñac 103, aspirinas, sal de fruta, minibikini, Simca, LSD, black is black, hippies, ritmo yeyé- y las localizaciones catalanas en la Costa Brava- Cala Blava, cala Mirall, Lloret de Mar, Tossa-.