sábado 4 de julio de 2009

Creador de inspectores

Briggs, Peter, Creador de inspectores, Interpol, nº 11, Dólar, Madrid, 1955, portada de Zarza, ilustraciones interiores de Luis Bermejo
Brillante novela de ambientación parisina que se sitúa en los turbios años inmediatamente posteriores a la liberación y que desarrolla una trama donde la dignidad y la codicia se enfrentan en tenso combate.
El joven inspector de la Interpol Henry Leblanc, veterano de la Resistencia, va a visitar a Marcel Vial, compañero suyo en la lucha contra los nazis. Estamos en París, en 1946. Vial, un bon vivant, le recibe sin sospechar que el inspector le visita en misión oficial para preguntarle de dónde ha sacado un billete de cinco libras esterlinas con el que pagó una consumición la noche anterior. El billete, fichado por la policía, ha desencadenado la investigación y Vial, armado, quiere huir; un forcejeo con Leblanc provoca un disparo accidental que acaba con la vida de Vial.
Leblanc convoca a tres policías parisinos - los veteranos Preval y Fabry y el joven, impulsivo y también ex-resistente Roger Brussac- para ponerlos a sus órdenes en una investigación que sigue la pista de 50.000 libras esterlinas que el gobierno inglés dio a un grupo de la Resistencia y que misteriosamente desaparecieron; la numeración de los billetes ha permitido, tres años después, reencontrar la pista de esa fortuna perdida. Brussac acepta a regañadientes la autoridad de Leblanc y se desplaza al local Zinga-Zinguette donde la bella existencialista Josy André -amiga de Vial- canta y fascina. Brissac la corteja y ella se va en su coche; mientras suena el petardeo del tubo de escape, un hombre que pasaba por allí cae como borracho; Brissac cree que es un simple beodo cuando en realidad es Gerard Gusdorf, compañero de Vial, asesinado por dos disparos cuando iba a hablar con Josy.
Al día siguiente, Leblanc visita a Brissac para destituirlo; antes conoce a su bella y femenina hermana, Anik Brissac, que le fascina, pero ello no le impide destituir a Brissac y ante su enfado y rebeldía, darle un par de puñetazos y noquearlo. Leblanc, siguiendo la investigación , se hace pasar por detective , “un representante de la fauna popularizada por las novelas de la “Serie Negra” (p.44) para acercarse a Josy André y descubrir que Vial Gustoff y un tercer hombre, Max Borel, fueron los ladrones de las libras esterlinas y que tras ellos -y la fortuna- van otros ex-resistentes -Pascal Boldoni, corso, Robert Delorne, Marsan-, genuinos delincuentes que entraron en la lucha contra los nazis desde el otro lado de la ley.
El inspector Preval sigue a Josy André que, sin saber nada del robo, por su relación con Vial policías y gangsters creen que sabe donde está el dinero. No es cierto pero ello no impide que la salida del Z-Z sea secuestrada por los delincuentes tras un tiroteo del que Preval sale malherido. Salvado gracias una transfusión de Brissac, éste es reincorporado al caso mientras el tercer hombre, Max Borel, es perseguido por los delincuentes; se descubre que él fue quien mató a Gustoff para que no confesase su crimen a Josy André pero fruto de la persecución su coche sufre un aparatos accidente y muere.
Brissac indaga y consigue llegar hasta la guarida de los secuestradores donde es descubierto y apresado; cuando la situación parece irresoluble para éste y Josy, Leblanc, que ha consultado los archivos de la Resistencia, localiza la guarida de los cacos, llega a tiempo y tras un violento tiroteo donde Brissac interviene con gallardía, los malhechores mueren. El dinero finalmente aparece escondido en el motor del coche de Borel y, como colofón, Leblanc -un auténtico creador de inspectores-y Anik Brissac se prometen mientras se apunta el amor inevitable entre Roger Brisssac y Josy André.La novela se muestra soberbia en su planteamiento, desarrollo y desenlace; el dominio de la geografía urbana de París, el retrato del ambiguo mundo de los resistentes donde se mezclan policías y delincuentes, honor y codicia, el muy intenso y equilibrado ritmo de la narración confieren a la novela una especial brillantez. Destaca el retrato del mundo existencialista de las caves, “locales frecuentads por existencialistas como clientela fija y por turistas situados entre el Boulevard de Saint Germain y el Sena, entre los Quai Conti y D’Orsay” (p.20); los personajes de orden -policías- se burlan de los devaneos existencialistas -“personalmente ignoro todavía si el existencialismo es una filosofía o un pretexto para no ir a la peluquería” (p.46)- pero se percibe una real fascinación por ese mundo subterráneo de cantantes, mujeres ambiguas y reflexión amarga sobre la vida.

sábado 27 de junio de 2009

Las damas matan riendo

Las damas matan riendo, Servicio secreto, nº 387, Bruguera, Barcelona, 1958, portada de Antonio Bernal, ilustraciones interiores de Gómez Esteban
Novela negra en estado puro en que un investigador privado, Fox Derek, es convocado en una urbanización en proyecto por el empresario Ogden Carson que le encarga que siga a su mujer. Aunque Carson es algo raro -viste una canadiense y botas-, Derek acepta el encargo. Sigue a la mujer hasta que descubre que es ..su exmujer, Gerta Heilan. Cuando se encuentran cara a cara, Gerta es asesinada de un flechazo en la espalda y todas las sospechas recaen en él. Fox recibe poco después la visita del vivo retrato de Gerta, una hermana gemela, Hedda, que él desconocía, que le quiere asesinar pues le cree culpable pero al final ella empieza a confiar en él. Las cosas se complican cuando se presenta Ogden Carson quien dice no conocer a Fox, cosa cierta pues el real Carson nada tiene que ver con el impostor que, descubrimos, engañó a Derek.
Derek busca al falso Carson, intuye que debe de ser un actor y lo encuentra....pero asesinado. Recibe la visita de un matón a sueldo de la familia Carson, el bruto Walt; se encara, se encuentran de nuevo con él y también aparece asesinado. Derek descubre el diario de Gerta donde ella confiesa haber cometido un crimen, se enamora de la hermana, salva al real Carson de un intento de suicidio... Al final se descubre que todo ha sido orquestado por Hedda, que ha asesinado a su hermana porque ésta le hacía chantaje pues el diario no era de Gerta sino de Hedda, asesina feroz que no duda en matar a quien se le pone por delante. Cuando Hedda, cruel, quiere matar a Fox Derek -con arco y flechas-, él es herido pero consigue que ella caiga por un barranco, se mate y poco después se demuestre su inocenciaLa novela tiene un argumento notablemente bien montado, sin el embrollo y la precipitación que a veces se dan en este tipo de novelas. Fox Derek es un buen personaje “un hombre corriente, de mediana estatura, cabello castaño y rostro inexpresivo. Fox Derek cuidaba mucho de conservar su aspecto, vistiendo traje de franela gris y conduciendo coche gris. Pero tanto el hombre como el coche eran capaces de mayor velocidad y resistencia que su aspecto permitía suponer” (p.6), un detective de poca manta pero honesto y noble, que se enamora incautamente de la hermana gemela de su exmujer y que es engañado como un pardillo: ”Cuando se oyeron la sirenas zumbando acercándose, Fox Derek había fumado muchos cigarrillos en la obscuridad (sic). Su hombro le dolía mucho, pero cicatrizaría. Lo que tardaría en cicatrizar era su alma (p. 121). Quizás el único elemento un poco estrambótico es el crimen con arco y flechas pero el conjunto es realista, preciso y creíble, escrito con buen estilo “Entró en el sendero que conducía a la casa Carson. Una lechuza iluminada por los focos, elevó su lento vuelo fantasmal. En la alineación que señalaba una futura calle, pasaron varias liebres. De vez en cuando, la masa de una excavadora o un tractor aparecía como un panteón ultramoderno "(p.116)

domingo 21 de junio de 2009

Calavera de plata

Calavera de plata, Servicio secreto, nº 93, Bruguera, Barcelona, 1952, portada de Provensal, ilustraciones interiores de Ángel Pardo
Sugerente novela policíaca en la que dos amigos de la infancia se reencuentran como adultos situados en bandos contrarios; un crimen, una investigación y el amor de una mujer van a convertirse en el territorio de ese conflictivo reencuentro.
Freddy Wilson y Burt Talbot son dos adolescentes enamorados de la bella y algo engreída niña Arline Wanders, la hija de un importante banquero de Mobile, Alabama. Son amigos y muy distintos, el primero es algo simple y de aspecto bruto, el segundo es hábil y seductor. Aunque amigos, con frecuencia se pelean. El tiempo pasa y les separa y Talbolt se convierte en un turbio detective privado y Wilson consigue llegar a ser agente del FBI que advierte al primero de que su labor está bajo sospecha y vigilancia..
Un día Talbot recibe una llamada de Mobile, de la mansión de los Wanders; tras años de no pisar su ciudad, vuelve a ella y es recibido por Ralph Wanders, su socio el capitán Jornbolm, Arline y su amiga Geny Low; el motivo es dramático pues en las habitaciones superiores se encuentra el cuerpo sin vida del prometido de Arline y socio de Wanders, Arthur Ringers. A su lado aparece una pequeña estatuilla de una calavera de plata. Parece haberse suicidado pero Talbot descubre que en realidad fue asesinado, posibilidad extraña pues la mansión Wanders aparenta ser una auténtica fortaleza.
Talbot propone que se llame al FBI y se pida la intervención de Wilson, quien, años después, continúa enamorado locamente de Arline. Talbot modifica las pruebas para que el suicidio sea creíble y la llegada de Wilson, que es engañado, se enmascara bajo la orden de continuar una investigación iniciada en Mobile por el FBI siguiendo los pasos de un contrabandista, Jeremiah Bulks. Burks, que se enfrenta a Wilson y sale malparado, recibe la visita de la bellísima mulata Deborah Miller quien le asesina para que no pueda explicar nada pues ella es la amante del jefe de una importante organización de traficantes de joyas que extiende sus ramificaciones hasta la familia Wanders. Talbot observa el asesinato y chantajea a la Miller exigiéndole que entregue a su jefe.
Poco después el capitán Jornbolm es asesinado en la mansión Wanders con idéntica estatuilla de calavera de plata a su lado y ante la inminencia de que se descubra la trama de corrupción que acompaña a los Wanders, Talbot propone a Arline que seduzca, engañé y se case con Wilson para así detener la investigación. Así lo hace al tiempo que Talbot y Wilson consiguen que se desenmascare al jefe de la bada de contrabandistas y asesino de Ringers y Jornbolm, el importante fucncionario Sanders quien, conocedor de que la fortuna de Wanders tenía un origen oscuro -una red de corrupción había provocado la muerte de centenares de trabajadores- le chantajeaba; los crímenes que cometió en la mansión Wanders los pudo llevar a cabo gracias a la colaboración de la amiga de Arline, Geny.
Meses después Wilson descubre el engaño de su matrimonio y al intentar matar a su esposa y a Talbot, éste le desvela cómo su esposa está realmente enamorada de él y cómo no tenía nada que ver con la corrupción de los Wanders. Ralph Wanders se suicida, devorado por el sentimiento de culpa por haber provocado por la muerte de cemtenares de trabajadores, Wilson deja el FBI para montar una agencia con Talbot y éste se compromete a esperar a que crezca la hija de Wilson y Arline para casarse con ella.La novela es algo embrollada en algunos momentos pero se redime por pasajes de una elevada calidad literaria. Destaca la excelente descripción de la llegada de Talbot a la mansión de los Wanders y de cómo percibe, levemente, que algo ha cambiado en ella desde la infancia hasta descubrir que se ha convertido en un fortín; hasta descubrir, en definitiva, que los Wanders esconden algo. La caracterización de Talbot como private eye ambiguo que llega a la mansión de unos ricos para encubrir sus trapos sucios, no sólo tiene la efectividad de los clásicos sino que es expuesta con un estilo preciso y admirable; la figura de la bella Deborah también es uno de los valores de una novela donde los personajes que están al otro lado de la ley son infinitamente más ricos y sugerentes que personajes como Wilson, simplón incluso en su apasionado amor por Arlene.

sábado 6 de junio de 2009

Piratería moderna

Piratería moderna, Servicio secreto, nº 36, Bruguera, Barcelona, 1951, ilustraciones interiores de Giner
Novela ambientada en la Nápoles ocupada por las tropas norteamericanas que combina el retrato de la realidad italiana con la intervención de personajes procedentes de los bajos fondos de Chicago.
En Nápoles, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, unos jóvenes de familias venidas a menos tras la contienda bélica deciden entrar en el mundo de la delincuencia para vivir la vida con la máxima intensidad; el cabecilla del proyecto es el joven Giano Crespi, un amoral y cínico personaje, un pirata moderno que arrastra a sus compañeros a una espiral criminal de la que no van a poder escapar.
Mientras, en Chicago, Jimmi Rocco, seductor y truhán, desarrolla su labor al límite de la legalidad recibiendo un día la visita de una muchacha, la bella y rica Lyn Vanderbelt, quien le pide ayuda para su novio, militar norteamericano, detenido en Nápoles por un crimen que no ha cometido. Él inicialmente se niega al no ver el posible beneficio del proyecto pero cuando recibe la visita del FBI y éste le informa de que su amigo Tony Spezia se encuentra en circunstancias similares al novio de Lyn, decide ir a Nápoles a aclarar las cosas.
En Nápoles, Rocco, con su fama de truhán, consigue infiltrarse en los círculos donde operan los jóvenes napolitanos y descubrir cómo han urdido una compleja red de robo que siempre acaba implicando a algún inocente militar norteamericano; también a Nápoles se desplaza la bella Lynn y ambos deciden desenmascarar la banda de ladrones cuya dinámica criminal les ha llevado a convertirse en asesinos desalmados. A pesar de que la mayoría de ellos tiene, en el fondo, algo de nobleza, el poder hipnótico y absoluto que Giano ejerce sobre ellos les lleva a obedecerle. No sólo eso: cuando alguno de ellos intenta desertar, Giano le mata cruelmente.
La acción lleva inevitablemente a vivir persecuciones, secuestros, intentos de asesinato y, finalmente, el enfrentamiento entre Rocco y Giano Crespi que acaba al final con la vida del miserable criminal. La banda es desarticulada, Spezia es liberado y Rocco y Lynn se casan.La novela es algo sencilla e irregular pero tiene algunas virtudes destacadas como es la inicial estructura bimembre de la acción donde un capítulo se desarrolla en Nápoles y otro en Chicago, y así sucesivamente. Es también interesante y muy moderno el retrato inicial de los jóvenes napolitanos que, en la playa, bellos, ociosos y sin dinero deciden por ambición, aburrimiento y capricho sucumbir a la fascinación del crimen.

sábado 23 de mayo de 2009

Cincuenta novelas

Tras catorce meses de paciente trabajo, con esta entrada celebramos una pequeña efeméride: hemos llegado a la cifra de cincuenta novelas fichadas. Cuando iniciamos este blog nos propusimos crear un archivo que referenciase las novelas policíacas de Peter Debry; cincuenta títulos supone un pequeño hito en nuestro proyecto que nos permite realizar una breve valoración.
El acceso a las novelas de Debry no es sencillo pues sus títulos no se encuentran fácilmente en los puestos de venta habituales; ¿los coleccionistas han arrasado con los restos de su enorme producción? No lo sabemos pero lo cierto es que con paciencia y la imprescindible colaboración de amigos diversos -y ahí es necesario subrayar la generosa complicidad de la familia Debrigode- hemos podido ir recolectando una amplia selección de títulos. La labor ha sido algo anárquica y desordenada pero, por ello mismo, porque no seguía ningún criterio, nos ofrece un retrato bastante fiable de qué escribió Debry, cuándo y dónde.
Si valoramos las cincuenta novelas referenciadas detectamos que un 48% de los textos fueron publicados en los años cincuenta, un 24 % en los años sesenta y un 14% tanto en los años cuarenta como setenta; probablemente estos datos que se extraen de nuestra arbitraria selección de títulos del blog se puede aplicar al conjunto de la obra de Debry; en los cuarenta él escribe mucho más como Arnaldo Visconti, en los setenta su producción es mucho menor y, en cambio, en la década de los sesenta y sobre todo de los cincuenta es cuando el Debry policíaco brilla con más intensidad.
En el terreno de las colecciones, la serie estrella es, lógicamente, Servicio Secreto; en ella publica el 50% de su producción siguiendo, a mucha distancia, la más tardía colección Punto Rojo con un 20%. A partir de allí nos encontramos con una constelación de colecciones donde los títulos reseñados no superan el 8%.
Estas valoraciones numéricas son, por supuesto, sólo indicativas de una tendencia; nos queda por ver si los títulos que lleguen azarosamente a nuestras manos los próximos meses mantendrán o corregirán estas proporciones. Cuando lleguemos a los cien títulos -y para eso faltan unos cuantos meses si mantenemos nuestro ritmo de tres novelas por mes-, volveremos a extraer conclusiones.

sábado 16 de mayo de 2009

Cadáveres ambulantes

Cadáveres ambulantes, Servicio secreto, nº 66, Bruguera, Barcelona, 1951, ilustraciones interiores de Macabich
Magnífica novela ambientada en el duro y corrupto mundo del boxeo que destaca por su intensa violencia y por el retrato de personajes que son llevados hasta situaciones límite.
Buck Alton es un reconocido boxeador californiano de origen humilde. Siendo mecánico estudió hasta llegar a ser periodista y a publicar un par de novelas policíacas al tiempo que desarrollaba su carrera deportiva. Sin ser un púgil aguerrido sino más bien conservador ha llegado alto en su carrera; antes de un combate decisivo contra Slim York recibe una recomendación de la bella y turbadora Giny Diamonds: dejarse vencer. Al mismo tiempo, empieza a publicar una serie de artículos denunciando la posible corrupción del boxeo.
Alton gana in extremis el combate pero de inmediato es secuestrado por un matón y por Giny siendo llevado a una casa abandonada donde recibe la visita de cinco encapuchados que le torturan salvajemente obligándole a que se comprometa a perder la revancha con York y a escribir un artículo desmintiendo sus pesquisas. Buck Alton se arrastra, llora y pierde, en definitiva, su dignidad humana. Tras cumplir lo prometido huye hasta Helena, Montana, para llevar una humilde vida de obrero. Allí conoce a una bella y honesta chica, Harriet Harding, quien, al verle amargado y, a veces, cobarde, le anuncia que sólo recuperando su dignidad podrá amarle.
Buck Alton visita un médico al detectar un bulto donde había recibido latigazos; el doctor le indica que es un tumor canceroso originado por la paliza recibida. Sabedor de que le quedan pocas semanas de vida, de que es, en definitiva, un cadáver ambulante, decide volver a California a vengarse de los malhechores. Su retorno es arrollador y, vigilado desde el FBI, que sospecha de él, empieza a investigar y a entrenarse. Así descubre que uno de los torturadores escondido bajo la máscara se escondía su rival York; en el tercer combate le da una paliza monumental que casi le mata. Secuestra a Giny y la obliga a desvelar los otros nombres y así se descubre que el jefe del periódico donde publicaba, su manager y dos jefazos del boxeo local eran los que le torturaron y provocaron su enfermedad mortal. Tras diversos avatares, persecuciones, torturas y salvamentos, Buck Alton, ayudado por Harriet -desplazada hasta California para ayudarle- y de su fiel criado chino Ling -experto en judo- consigue desenmascarar a la banda y rectificar su objetivo de matarlos a todos entregando los criminales al FBI. Cuando parece que nada tiene solución, una visita a un médico le proporciona una sorpresa: no tiene cáncer. Buck Alton y Harriet deciden volver a Helena y, felizmente casados, iniciar una nueva vida.Cadáveres ambulantes tiene argumentos suficientes como para ser considerada una gran novela de Debry: el retrato de un personaje que cae y se redime, el intenso ritmo narrativo, el inicio demoledor de la novela -en medio de un combate-, la detallada descripción del mundo del boxeo con una excelente descripción de los combates, la aparición de una violencia inexorable y arrebatadora, la presencia de excelentes secundarios como el criado chino... En definitiva, una excelente novela de boxeo, un género que si bien el cine había consolidado ampliamente, la literatura hispánica no acostumbraba a tocar y que a Debrigode le debería ser muy querido por su afición personal a este deporte.

sábado 2 de mayo de 2009

El vampiro de Brooklyn

El vampiro de Brooklyn, Servicio secreto, nº 64, Bruguera, Barcelona, 1951, ilustraciones interiores de E. Giner
Novela ambientada en Nueva York donde el mundo de los mafiosos, los inversores en bolsa y de los perdedores sociales se entremezcla en una trepidante acción.
En plena Nochebuena, Roy Curtis es un hombre desesperado; tras un brillante historial en la Guerra, no ha sabido adaptarse a la vida civil. Sin trabajo a causa de un intento de robo en la empresa donde ejercía de contable, malvive por las calles de Nueva York; prometido a la bella Norma Randall, sufriendo por su amor y su generosidad. En plena desesperación recibe una singular propuesta de un elegante desconocido que se presenta como Gregor Manson; sustituir a su jefe, al Vampiro de Brooklyn, Dark Scotty, que se acaba de suicidar y aparentar que el fallecido es él. Curtis es llevado al elegante piso de soltero de este tiburón de las finanzas y allí descubre su cuerpo sin vida y su enorme parecido. A pesar de saber el dolor que causará a su prometida, acepta. Espera recibir una importante cantidad de dinero para poco después reiniciar su vida con ella
El suicidio de Scotty tuvo como detonante la presión a la que era sometido por un mafioso, Hobart Loring, que a su vez era presionado por otro mafioso, Randolf Ventura; todo ello tenía como objetivo conseguir una fórmula científica que estaba elaborando el científico James Adams, amigo de Scotty. Curtis, hombre mucho más duro, planta cara a Loring y no sólo eso sino que decide asaltar la casa del científico, fuertemente custodiada, y hacerse con la fórmula ante la evidencia de que el negocio mueve millones.
La policía encuentra el aparente cadáver de Roy Curtis que, destrozado por el balazo que le mató, es reconocido por Norma como el de su novio; ella jura vengarse de aquél que arruinó a su familia y que le impidió tener dinero para ayudar a su prometido: un inversor conocido como el vampiro de Brooklyn.
Curtis-Scotty asalta el laboratorio de Adams y secuestra a éste y a los policías que lo vigilaban; con la fórmula en sus manos decide presionar a Ventura -que había asesinado a Loring por inoperante- para recibir millones de dólares por la fórmula; poco después recibe la visita de Sandra Scotty, hermana de Dark, ahora una viuda millonaria, que ha vuelto desde Europa. Ella, antigua amante de Manson, descubre el juego de Curtis aunque decide apoyarle. Ventura y sus secuaces asaltan la casa de Scotty y tras un brutal tiroteo en el que sale vencedor, Curtis recibe la visita de su novia que, creyéndolo Scotty, quiere matarlo. Finalmente Curtis consigue detenerla e ir hasta la sede del FBI donde entrega a todos los malhechores; aunque parecía que había sido abducido por el hampa, en realidad Roy Curtis lo había tramado todo para ofrecer las mejores credenciales para solicitar el ingreso en el FBI. Sandra vuelve a Europa no sin antes haber restituido el dinero a todos los pequeños inversores que había estafado su hermano y Curtis -ya agente del FBI- y Norma se casan.
La novela tiene un excelente primer capítulo que describe la terrible situación personal de Curtis, un auténtico perdedor que, en Nochebuena, vaga por las calles de Nueva York. Destaca también la descripción del lujoso edifico de apartamentos de soltero -bachelor- donde vivía el Vampiro y el intenso ritmo narrativo que se mantiene firme en toda la novela y que se acelera en los capítulos finales; la concentración temporal de la acción -un par de días-, ayuda a este efecto narrativo. El estilo, como siempre en Debry, certero y preciso:
Wall Street por la noche, cuando los financieros y los millares de empleados han abandonado sus despachos, es el sitio más tranquilo de Nueva York. Parece un dinosaurio adormilado.” (p.6)
Rió Sandra dolorosamente, volviendo a entrar en el despacho, donde Roy Curtis se acomodó en un sillón. En silencio, ella hizo funcionar la gramola con cambiadiscos automático. Y pieza tras pieza, la música ambientó la soledad de los dos en compañía.” (p. 93)

sábado 25 de abril de 2009

Asesinatos en el estadio

Asesinatos en el estadio, Servicio secreto, nº 46, Bruguera, Barcelona, 1951, portada de Provensal (presumiblemente), ilustraciones interiores de Macabich.
Novela ambientada en el mundo del fútbol y de las apuestas deportivas que se mantiene sólida de principio a fin a través de una trama bien urdida y de unos personajes bien definidos.
Tras el mundial de Brasil de 1950, Estados Unidos, que ha participado con dignidad, vive una pasión por este deporte creándose las primeras ligas potentes y obteniendo el favor del público. Jim Vespa es un atlético muchacho que vive en Atlantic City y que. Además de inventor ocasional, se dedica a probar automóviles. Un día recibe un encargo del millonario Henry Cardigan: convertirse en conductor del autobús del equipo de fútbol de Atlantic City; él acepta encantado y a ello ayuda no sólo su pasión por el equipo sino el hecho de que la propuesta venga de Burt Burlington, un pintoresco octogenario naturista que ejerce de hombre de confianza de Cardigan.
Mientras, el gangster Sterling Zaico recibe una propuesta de negocios de un hombre enmascarado; amañar los resultados deportivos de fútbol y obtener enormes beneficios en las apuestas. Para ello es importante que el gran favorito, Atlantic, pierda partidos fáciles y eso sólo se puede conseguir si se consigue corromper o asustar al portero del equipo -el argentino Lito- o al engreído delantero centro -Tim O’Connor-; para conseguir eso es necesario que la amante de Zaico, la escultural Barbara Leonard, seduzca al jugador.
Bárbara conquista fácilmente a Zaico y Jim Vespa, preocupado por la suerte del equipo y el mal ejemplo que da a sus compañeros saliendo cada noche, decide reconvenirlo generándose entre ambos una dura pelea; la cosa no parece ir a mayores y, aprovechando una entrevista de trabajo, Jim propone al señor Cardigan compartir los benéficos de un invento que ha patentado: una moviola que puede ser de gran ayuda a los entrenadores deportivos.
Bárbara facilita un encuentro Zaico, O’Connor y Lito y el primero les propone el trato con toda la crudeza: “mil dolares o plomo ardiendo”. Asustados, deciden aceptar y facilitar la derrota de su equipo en el próximo enfrentamiento con el Princeton; ya en la ciudad universitaria, y previamente al partido, Vespa se entretiene con una de sus grandes pasiones, la fotografía al tiempo que Burlington le presenta a Mabel, una bella chica con la que establece una singular sintonía; sin saberlo, ella es la hija de Cardigan.
El partido empieza y tanto O’Connor como Lito se esfuerzan en no cumplir con su cometido; el objetivo es el empate y así se llega a un 0-1, a un 1-1 y cuando en el último segundo O’Connor está a punto de chutar a portería vacía, cae fulminado y muere. Vespa, que estaba al lado de la portería haciendo fotos, es el primero en socorrerle inútilmente. Se publica que el delantero ha sufrido un ataque de corazón pero en realidad la causa de la muerte ha sido un dardo metálico clavado en el corazón.
El FBI toma cartas en el asunto y es precisamente el hermano de Jim, Berto, el que se hace cargo de la investigación. Ello es así porque el principal sospechoso es, singularmente, Jim: se había peleado con O’Connor, fue el primero que se acercó al cadáver, el dardo fue disparado desde algún tipo de objeto mecánico -como una cámara-, él es un hábil tecnólogo... ; a pesar de ello, Berto confía en Jim.
El sustituto de O’Connor. Janos Heredia es amenazado y secuestrado pero Jim Vespa le salva con lo que empieza a demostrar su inocencia; mientras, Mabel cae en una vida disoluta y viciosa y Bárbara, “con su suave vaivén bajo la bata sutil” intenta seducir a Jim quien se enfrenta a Zarco, cada vez más acorralado. Vespa sospecha que Mabel ha caído en el vicio al descubrir que su padre es el culpable; falsa pista que se desvela así al ofrecerle Cardigan a nuestro héroe su colaboración en el proyecto de la moviola y explicarle algunos extraños cabos sueltos que parecían acusarle.
En el siguiente encuentro frente al Pittsburg, Heredia es herido cuando iba a marcar un gol y Vespa es contratado como suplente de urgencia para el encuentro final contra el Nueva York; este encuentro, emocionante hasta el final, acaba desvelando que el asesino de O’Connor era el anciano Burlington, que quería así vengar a su nieta, suicidada tras un el engaño de O’Connor y que así quería obtener dinero para su apostolado naturista. Su condición de criminal había provocado el desequilibrio de Mabel que se redime gracias al amor que le declara Jim Vespa.
Buena novela con una sólida trama, con la presencia de un recurso pulp clásico -el enmascarado-, con una excelente descripción de los diferentes escenarios - la bulliciosa Atlantic City, la señorial Bordentown, el selecto Princeton, la dura Pittsburg- y con una temática deportiva poco habitual en el género. Excelente la descripción y conocimiento de la dinámica futbolística con una verosímil y original ubicación en el entorno estadounidense. A destacar la fuerza de los personajes femenino, especialmente de la turbadora y seductora Bárbara Lombard:
-¡Vaya a vestirse!
-Pensé que había venido a pedirme todo lo contrario (p.108).

domingo 12 de abril de 2009

La bella del Bósforo

La bella del Bósforo, Servicio secreto, nº 24, Bruguera, Barcelona, 1951, portada de Provensal (presumiblemente), ilustraciones interiores de Macabich
Novela bélica ambientada en la segunda guerra mundial, en una Croacia convulsionada por el conflicto entre los colaboracionistas nazis y los guerrilleros partisanos que coordinan sus acciones con los servicios secretos británicos. Amor, traición y dignidad se entremezclan en un mundo en ebullición.
Barry Leonard, agente del Inteligence Service se encuentra en una prisión de Ankara detenido por el feroz nazi croata Fernc Karpo, jefe del contraespionaje yugoeslavo; fracasado su intento de contactar con el jefe de la resistencia croata, Vlado Davidovich, Leonard espera la muerte al amanecer. Desesperado consigue huir y lo hace en medio de una arriesgada acción; cuando está cruzando las aguas del Bósforo, una mujer cae desde un puente cercano en un aparente intento de suicidio; la salva y descubre al día siguiente que ella es Olga Nissen, “la bella del Bósforo”, una turbadora cabaretera que había sido amante de Karpo. Atiborrada de cocaína y salvados tras esconderse en una barcaza, Leonard, que sospecha de ella, consigue huir.
Tiempo después el agente Leonard, embarcado en un bombardero, vuelve a intentar el contacto con Davidovitch, pero el avión es derribado. Se salvan él y el soldado Percival Scott que emprenden una huida que les lleva enfrentarse a un destacamento ustasha, al que aniquilan. Poco después contactan con Davidovitch, cabecilla local despótico y megalómano pero luchador por la libertad. La sorpresa es mayúscula cuando Leonard descubre que la amante del guerrillero es... Olga, "la bella del Bósforo". Aunque ella explica el porqué de su antigua relación con Ferko, una sombra de sospecha envuelve a Olga Nissen, acrecentada cuando las tropas de Ferko descubren su escondite y les pisan los talones por todo el territorio croata. Davidovitch se convence de la traición de Nisssen pero Leonard, que ha establecido una química especial con ella, decide intentar probar su inocencia consiguiéndolo al descubrir -tras ser capturado por Ferko- que los nazis habían colocado un transmisor en el maletín Max Factor de la Bella del Bósforo.
Tras unas frenéticas acciones bélicas Leonard y Nissen, enamorados en medio de la barbarie, consiguen esconderse en Trieste; allí, un antiguo agente británico asesina a la bella del Bósforo por antiguas delaciones que había llevado a cabo cuando era amante de Ferko. La novela acaba con Leonard, dos años después, felizmente casado con una chica inglesa; “El pasado no existía. Y la primavera inglesa ahuyentaba todo recuerdo de las negras y frías aguas del lejanísimo Bósforo”.
La novela se inscribe plenamente en el género bélico y sólo algunos detalles -mujeres fatales, interrogatorios policiales, persecución de la verdad tras unos hechos inexplicables- permiten que podamos hablar de una novela de contenido policial. El texto está perfectamente controlado por el autor que sabe dosificar la acción con ritmo e intensidad; los personajes tiene fuerza, especialmente la ambigua y finalmente sacrificada bella del Bósforo; su agonía y muerte constituye un pasaje de innegable fuerza y crudeza. A destacar los títulos de los capítulos: “Larga es la noche” -con referencia explícita posterior a la homónima novela de Graham Greene-, “Eva”, “El hombre que no podía escapar” y la acertada documentación geográfica e histórica de toda la narración.

sábado 4 de abril de 2009

Último asalto

Último asalto, Punto rojo, nº 508, Bruguera, Barcelona, 1972, portada de Miguel García
Irregular narración donde se combinan luchadores de lucha libre, traficantes de uranio, balleneros y detectives internacionales.
En Detroit, un luchador de pressing catch de aspecto grotesco, Jerry Palmer, recibe el encargo de pelear seriamente con su contrincante para acallar las muchas dudas que hay sobre la veracidad de su espectáculo; así lo hace pero en el combare mata a su rival. Huye y, camino del Canadá, entra en contacto con el mafioso César Gardini. Éste le ofrece protección si participa en un asalto a un manicomio donde deben liberar al millonario Mark Norton, ingresado por haber matado a su hijo y a su esposa; él acepta y de golpe se ve inmerso en un proyecto consistente en ir a una mina de uranio -propiedad del suegro de Norton- a robar importantes cantidades del material radioactivo; para ello deben embarcarse en el ballenero Groenland, capitaneado por Ernest Javert, y dirigirse a Islandia.
El agente Stan Stork, un ex luchador que trabaja en secreto para el DIS -Departament de seguridad internacional- recibe el encargo de enrolarse en el ballenero al que se dirigen los malhechores para así intentar descubrir toda la red que se esconde tras los traficantes de uranio; así lo hace y por ello se desplaza a Murray Bay donde salva a la bella Hazle Javert, hermana del capitán, del acoso de dos rudos marineros.
El viaje, iniciado con funestos augurios, se desarrolla terrible; el capitán, noble marino, sabe que está transportando a un fugado de la justicia pero acepta el encargo movido por la ambición; lo que no sabe es que uno de los hombres de Gardini, Corrigan, ha tramado con unos piratas el asalto al barco. Éste se lleva a cabo con una brutal matanza de la que salen sanos y salvos los protagonistas; Stork, con la ayuda de un par de marinos, consigue finalmente reducir a los piratas que son colgados del palo mayor. No es la única desgracia; unas ballenas heridas atacan al Groenland a pocas millas de Islandia y el barco es hundido. Llegados ya a tierra, los malhechores deciden seguir con su plan de asalto a las minas de uranio; así lo hacen pero Stork -con la ayuda de Javert- sabe jugar hábilmente sus cartas y finalmente Gardini muere y Norton, un real loco, confiesa qué importantes magnates están detrás de sus proyectos. Hezel Javert y Norton se declaran su amor en medio de las frías ventiscas polares.La novela propone una extraña fusión de universos -mundo deportivo, asaltos carcelarios, viajes polares, piratas, balleneros y uranio- que confieren a la narración un ritmo trepidante; la verosimilitud del artefacto se resiente de ello pero la intensidad de la acción, servida con un estilo cortante y frío como el aire de Islandia, convierten la novela en una lectura interesante que atrapa al lector desde un primer momento.

domingo 29 de marzo de 2009

El crimen del inspector

Briggs, Peter, El crimen del inspector, CIA, nº 222, Dólar, Madrid, 1955
Rotundo ejercicio clasicista de novela negra; un criminal inocente, bajos fondos, redención moral de los héroes... La huella de Los miserables de Victor Hugo resulta evidente y su fusión con la más pura novela negra confiere al producto una singularidad notable.
En la agitada Chicago de los años veinte, un brutal e inmisericorde agente policial, Jason Wicox descubre el amor y se casa; su esposa muere en el parto y considera que el hijo recién nacido es el culpable de la desgracia. Decide abandonarlo y lo cede a una familia de miserables ofreciéndoles a cambio una pequeña aportación económica mensual. Años después, de vuelta a Chicago y ya convertido en agente de la Cia, Wilcox lee en la prensa que su hijo está condenado a la silla eléctrica.
El niño, Jason Forbes ha crecido en un ambiente degradado; su hermano Nick es un cobarde, su madre es una borracha y su padre un mezquino hampón que le maltrata de forma constante y que, desde niño, le ha echado a la calle para que traiga dinero a casa; malvive como puede y su último trabajo es ser sparring en el gimnasio de Clark Pollock, un traficante de drogas. Nick le propone a Jason llevar a cabo un robo en el restaurante donde trabaja. Así deciden hacerlo y en el asalto Nick mata a un contable; en la confusión de la reyerta con la policía, Nick consigue golpear a Jason y aparecer ante los ojos de la policía y la justicia como un inocente obligado a cometer un crimen por su hermano al que acusa del asesinato.
Wilcox, sin desvelar para nada su identidad, decide ayudar a su hijo y le facilita la fuga para que pueda demostrar su inocencia; en su fuga llega a una granja donde una rijosa ex-corista, Marjorie, le ayuda y le intenta seducir. Él resiste y huye pero cuando llega el marido, un simplón campesino, Marjorie lo asesina con el cuchillo que había tocado Forbes acusando al prófugo del crimen. Wilcox inicia una feroz persecución sin frutos mientras Forbes consigue trabajo como ayudante de un camionero, Raymond Taylor, quien con su laboriosa vida le enseña que la amistad y la nobleza pueden ser valores útiles para la vida. Su amistad va creciendo en la ruta Chicago-Oklahoma hasta el punto de que Taylor le presenta a su hermana, la bella y hacendosa Irene, de quien se enamora. En medio de ese espejismo emerge un fantasma del pasado, Clark Pollock, quien le propone convertirse en mensajero de paquetes de cocaína aprovechando su dimensión de transportista. Desesperado, Forbes escribe su historia y se la deja leer a Taylor y éste a su hermana, quien decide llevar el caso al juez Stone, un magistrado retirado, huraño, borrachín y misógino que tiene una honesta debilidad por Irene. Stone es un juez con una profunda carga moral y tras tener la certeza de la inocencia de Forbes decide tramar una compleja telaraña para que Marjorie y Nick confiesen su crimen y para que Forbes colabore con la policía para detener a los traficantes, la única manera de ofrecer a las autoridades una demostración de su reinserción. No sólo eso sino que, investigando, descubre los lazos de Wilcox con Forbes; tras acusar al inspector del imperdonable crimen de abandono, consigue que éste no sólo ceje en la persecución de Forbes sino que ayude en su plan.
La trama urdida por Stone se va cerrando sobre los verdaderos culpables hasta que los traficantes, acorralados, deciden ajustar cuentas con Forbes que les ha traicionado y con su entorno de amistades, Raymond e Irene. Cuando parece que nada va a poder salvar a Forbes aparece Wilcox que se interpone en el camino de las balas que le iban dirigidas y mata a Pollock; en la agonía entre los brazos de su hijo, no le confiesa su terrible abandono pero se siente feliz de morir habiendo pagado su crimen. Al final, Raymond y Forbes montan un taller mecánico y éste e Irene anuncian su compromiso ante la mirada complacida del juez Stone.
La novela es una auténtico ejercicio clasicista: estilo cortante, certero y preciso, ambientación en los estratos más miserables de la ciudad, sórdidos ambientes carcelarios, huidas de la justicia, inocentes acusados de un crimen que no cometieron, descubrimiento de un mundo noble más allá del lodo, mujeres malvadas, mujeres que redimen por el amor, jueces honestos y nobles... Combina hábilmente recursos del folletín ya consagrados por la novela realista europea -Dickens, Hugo y Galdós resuenan en esta novela- con una excelente capacidad para asumir la tradición de la novela negra norteamericana. Los miserables era una de las novelas preferidas de Pedro Víctor Debrigode y en esta novela se descubre su clara influencia, no sólo por la cita explícita -“En esta magnífica obra, un policía llamado Javert persigue a un culpable, Valjean...” (p.84)-, no sólo por la analogía entre algunos personajes, Forbes-Cosettte, Forbes-Jean Valjean, Wilcox-Javert. Juez Stone-obispo de Digne- sino por el sólido substrato moral de toda la novela que, encarnado en el personaje del juez Stone, da una extraordinaria fuerza al relato. Una obra impecable escrita fuera del ámbito de Editorial Bruguera que nos demuestra la extraordinaria capacidad como novelista de Debrigode, aquí Peter Briggs.

domingo 15 de marzo de 2009

Héroe peligroso, Servicio secreto, nº 850, Bruguera, Barcelona, 1967, portada de Cortiella, ilustraciones interiores de Costa y Ortega.
Magnífica muestra de novela negra; un protagonista con un gran misterio tras sí, un detective cínico y moralmente ambiguo, mujeres de rompe y rasga, acción intensa en la ciudad de San Francisco... Excelente creación de un Debry plenamente dominador de los mecanismos del género.
En Vietnam, un soldado pierde la conciencia tras una acción suicida que le permite tomar una loma; ya en el hospital, no recuerda nada. Los doctores le informan de que es el sargento Larry Mortimer y que va a volver a su ciudad, San Francisco, donde la familia le espera como héroe de guerra: dos nombre flotan en su vacía memoria., Teresa y Gavin Holden, a quien sabe que debe matar.
En San Francisco la familia le recibe con extraña actitud y Mortimer decide buscar la ayuda de un detective privado, Curt Seldon, un granuja inteligente y mujeriego. Visitan una bar donde el dueño, Frank Compton, actúa también de forma extraña y donde llega una bella mujer, Sonia Lassen, que parece conocer a ese Holden que busca Mortimer. Sonia Lassen es junto a su amiga Sarah Viggot, patinadora del salvaje deporte Roller Derby -carreras de patinadores en un velódromo donde la agresión y los empujones están permitidos-, y su novio, Arthur Crosby, es difusamente reconocido por Mortimer. Al ver Sonia que su prometido esconde algo y que la ha utilizado para atraer a Mortimer, decide ayudar a éste y a Seldon. Mientras Mortimer empieza a descubrir que quizás no es el tal Mortimer, Seldon visita a Crosby quien le tienta para que mate a Mortimer; al salir, Crosby es asesinado y Seldon es herido llegando hasta su despacho donde Mortimer le extrae la bala. Allí éste le revela que ha recuperado la memoria: él es Gavy Holden. Mortimer era un socio suyo en los bajos fondos que le engañó para que participase en una operación de contrabando de pieles sin saber que estaba traficando con opio; un accidente de circulación provocó la muerte de Mortimer y Holden, que también había implicado a su esposa Teresa pero de quien sospechaba una traición, decidió hacerse pasar por Mortimer, pagar una fuerte suma a la familia e ir a Vietnam a jugarse la vida.
Su vuelta ponía en peligro toda la red de traficantes y por eso su jefe, que resulta ser Frank Compton decidió eliminar a todos los implicados con la colaboración de la amiga de Sonia, Sarah Viggot, en realidad, Teresa Holden. Seldon descubre toda la trama y tras urdir una trampa, consigue que estos se desenmascaren; tras una precipitada huida, mueren en un trágico accidente, convertidos en cenizas, como el auténtico Larry Mortimer. La novela es excelente en todos los aspectos. El inicio con una escena bélica, la presencia del héroe amnésico que como tal se mantiene hasta el último tercio del relato, las magníficas figuras de Mortimer-Holden y sobre todo del detective Seldon “carezco de sentido moral y soy un escéptico” (p. 59), la aparición de la secretaria, “una fea muy suculenta, compacta como la cera de abeja y sabrosa como la miel” (p.35) o de mujeres como Sonia Lassen, el preciso retrato de San Francisco... Hay soberbias escenas como la que describe la llegada de Seldon, herido de bala, a su despacho y el intenso diálogo que mantiene con Mortimer-Holden. La novela fue escrita el año 1966 -así lo hace intuir el Depósto Legal- y ello le confiere una especial singularidad pues debe de ser de las primeras novelas donde el protagonista es un veterano de la guerra del Vietnam -los Estados Unidos entraron plenamente en este conflicto en 1965-. Sorprende el conocimiento de San Francisco y el detallado retrato de la competición de Roller Derby -vale la pena ir a http://www.youtube.com para entender en qué consiste este espectáculo-;valorando el año de redacción y ese conocimiento directo de la realidad americana, es posible que Debrigode, que a inicios de los años sesenta vivió en Caracas, hubiese visitado la ciudad. Dos curiosidades; la ilustración de la portada no tiene ninguna relación con el contenido y la novela, en el lomo, aparece firmada por Silver Kane.

sábado 7 de marzo de 2009

Valses tétricos

Valses tétricos, Servicio secreto, nº 14, Bruguera, Barcelona, 1950, portada (presumiblemente) de Provensal, ilustraciones interiores de Macabich
Novela de espionaje y de guerra que presenta personajes complejos y ambiguos que actúan de forma desesperada en un escenario, la ocupación nazi, donde no parece posible la misericordia.
Tres agentes secretos son entrenados en Estados Unidos; el temperamental Dick Colton, el impulsivo Silas Waverton y el cerebral Gerard Fletcher. Su misión es introducirse en la Austria ocupada y establecer lazos de colaboración con la resistencia que dirige Liuda Goldberg. Para ello cada uno de ellos emprende un viaje en solitario hasta Salzburgo donde esperan establecer contacto; lo que no saben los jefes de los servicios secretos americanos es que Gerard Fletcher, enamorado de la rotunda y turbadora Kyra Bauner, es un traidor al servicio de los nazis.
El viaje de Colton hasta Austria -por las montañas, esquiando- es relativamente sencillo mientras el viaje de Waverton en tren es muy accidentado; detenido junto a un sacerdote por querer defender a una bella judía, logra escapar con ella tras matar a sus captores. La bella resulta ser Lidia Schardingbruck, condesa y símbolo de la resistencia.
Los tres americanos llegan a Salzburg y entran en contacto con el jefe de las juventudes nazis austriacas, Franz Garsten, que resulta ser un descreído nazi decidido a traicionar la causa por la que ha matado y asesinado, asqueado de tanta barbarie. El hecho de que un cabecilla nazi sea un traidor y de que un espía americano lo sea también genera una serie de situaciones complejas -persecuciones, delaciones, traiciones- pues “todo resulta difícil en esta tierra Goldberg. Nadie es lo que parece ser”. (69). El contacto con los nazis descubre su reino de terror y corrupción pero el contacto con los resistentes y su cabecilla Goldberg demuestra también su profunda degeneración moral.
La acción culmina en el castillo de la condesa donde Colton, disfrazado de jardinero, matará a Fletcher y a Kyra y donde la condesa, tras ser detenida, será liberada por un Waverton cada vez más enamorado; así podrá asistir a la voladura de su castillo -repleto de nazis- a mano de un Fletcher que decide inmolarse para expiar sus pecados. La novela tiene un singular epílogo que nos cuenta el retorno de Waverton -acompañado de Lidia, su prometida- y de Colton a los Estados Unidos. Son torpedeados por barcos nazis y llegan a Nueva Orleáns; allí descubren terribles conflictos sociales, raciales y el imperio de la delincuencia. Ante esa descomposición que les rodea Colton siempre formula la frase irónica: Paz, armonía y buena voluntad. Al final Colton vuelve a Europa como espía y Lydia y Waverton se casan al tiempo que escriben reportajes denunciando la barbarie nazi.
La presencia de Austria como escenario y los constantes recorridos por las cloacas y canales subterráneos de Salzburgo hacen presumible una influencia de El tercer hombre (1949) de Carol Reed; de igual manera, toda la novela está impregnada de un cinismo y desesperanza que también evocan la célebre película. En la novela los nazis aparecen como perversos y terribles pero los “héroes” resistentes se muestran degradados: son violentos, inmisericordes, terribles, llegando incluso a defender el canibalismo como arma para hundir al enemigo.Estructuralmente la novela se inicia con un excelente y trepidante capítulo de acción donde sólo al final descubrimos que nos encontramos ante un ejercicio de entrenamiento. Ya en el desarrollo de la novela capítulos como “Tres viajeros”, que describe el viaje en tren de Silas Waverton, el sacerdote italiano y Lidia, se nos muestran como verdaderas perlas narrativas. Y salpicando toda la historia, el estilo certero y preciso de Debry: “Dick Colton dio vuelta al conmutador, después de revestir el impermeable. Pese a toda su sangre fría y dureza, le era insoportable la visión de la mujer muerta, sentada, como un ídolo maligno, con el cadáver de Gerard Fletcher rendido a sus rodillas” (120)

sábado 28 de febrero de 2009

Arsénico y estilete

Arsénico y estilete, Servicio secreto, nº 117, Bruguera, Barcelona, 1952, portada de Provensal, ilustraciones interiores de Macabich.
Un nuevo caso del inspector Victor Vital. En una reunión de la alta sociedad parisina en la que se celebran los triunfos deportivos de unos equipos masculinos y femeninos, aparece asesinado el apuesto Paul Nuvion tras haber ingerido una dosis de arsénico; los invitados presentes se convierten de golpe en sospechosos. El comerciante murciano Manuel Ortuño y sus dos bellas hijas, Conchita y Julia, el apuesto Miche Aymé y su amigo Gaston Mornay, el maduro y seductor Jean Preval, la esquiva Adelina Duprez, las bellas primas Margot Calvet y Louise Doriot... Vital empieza una exquisita investigación que le lleva a sospechar de todo el mundo hasta que aparece asesinado, con un estilete, Jean Preval. Todo se complica cuando se descubre que todos los implicados tenían un cortaplumas igual al que se utilizó en el crimen.
La investigación de Vital desvela que Preval era un miserable que seducía mujeres para luego chantajearlas y que Duprez era sobrina de Preval y que ésta había seducida y engañada años antes en Ruan por el mejor amigo de Nuvion, Ernest Duc. Duc es un muchacho que no estaba presente en la fiesta donde murió su amigo y que en la actualidad es el prometido de Louise Doriot. Conchita Ortuño, que había visitado a Preval al saberse chantajeada y humillada, se suicida tras confesar que ella es la autora de su asesinato. Finalmente, tras una hábil artimaña, Adelina Duprez, siguiendo las indicaciones de Vital, consigue que Duc confiese que él mató a su amigo a través de su prometida Louise, que en la fiesta le suministró el veneno mortal; todo ello para conseguir una importante cantidad de dinero. Vital resuelve el caso, Duc es condenado a muerte y Margot Calvet, que había llegado a ser encarcelada como sospechosa, se casa com Michel Aymé.
La novela tiene un planteamiento excelente y se organiza y desarrolla de forma impecable siguiendo los modelos narrativos consolidados por las obras de Agatha Christie: un crimen, un puñado de sospechosos, un atento investigador, múltiples pistas falsas, nuevos crímenes que enturbian la investigación y resolución brillante. Estructuralmente la novela plantea aspectos interesantes; así, el primer capítulo, calificado como prólogo, nos sitúa en la ciudad de Ruan, donde un chico seduce a una chica y la engaña. No se nos dice quiénes son pero el desarrollo de la novela nos va a permitir entender que ese segmento narrativo retrataba la seducción de Duc sobre Adelina. También es muy interesante el capítulo que describe la muerte de Preval; el lector asiste a la visita que éste recibe de dos mujeres y cómo la segunda le mata pero en ningún momento sabemos quién es la criminal; sólo después la investigación lo desvelará.
París aparece como una ciudad creíble “Pronto se perdió en la bruma, atravesando el puente sombrío y húmedo que unía el bulevar de Saint Michel con sus típicos “quais” de librerías de viejo con el casco antiguo de la isla de La Cité” (p. 114) y el ambiente de la alta sociedad, donde la mujeres se perfuman con Chanel nº 5 es plásticamente descrito. Mención especial merece la figura de Victor Vital quien, tras su aparición magnífica en los volúmenes de la colección Guante blanco no había protagonizado ninguna novela. Austero, solterón, amante del buen comer, nostálgico evocador de su juventud de estudiante, atendido por su ama de llaves Nicole, Vital se muestra inteligente, sutil, reflexivo, humano y tenaz. “Era un inteligente epicúreo, que maduraba con gallarda prestancia. Veinte años de servicio en la policía era quizás lo que le hacía mantenerse en una recalcitrante soltería. No tenía la agudeza deductiva y milagrosa de un Sherlock Holmes, ni poseía la extensa cultura y meticulosidad de un Philo Vance. Carecía también de la sagacidad repleta de untuosos refranes de un Charlie Chan, pero había resuelto todos los casos más difíciles que le habían encomendado en la Brigada Criminal. Era un ser humano normal y corriente (...) De alta estatura, corpulento aunque sin gordura, el corte serio de su ropa, el cabello grisáceo, la montura de oro de sus gafas y la mesura de sus ademanes, eran rasgos más apropiados para un catedrático que para el que era un célebre descifrador de enigmas sangrientos." (p. 20-21)
La novela se inicia con una magnífica descripción de la ciudad de Ruan.
“Ruan, la arcaica ciudad francesa repleta de sabor medieval, estaba envuelta en brumas que tejían encajes aéreos en densos remolinos. Un cielo plomizo parecía desplomarse sobre las mohosas calles.
La lluvia golpeaba monótona, como si, adormecida, se aburriera de repetir siempre el mismo destino.
Las arcadas de los soportales protegían del agua al estudiante que consultaba su reloj, mirando impaciente a lo lejos, donde una teoría e erguidos campanarios, rezumaban líquida melancolía.”
(p. 5)
En la novela hay anotaciones autógrafas del autor que anuncian un nuevo título en un refrito que podría haber sido Tragica espera o Cianuro y estilete; no las tenemos localizadas. Además de pequeñas correcciones de estilo, cuando presenta a Vital, “No tenía la agudeza deductiva y milagrosa de un Sherlock Holmes, ni poseía la extensa cultura y meticulosidad de un Philo Vance. Carecía también de la sagacidad repleta de untuosos refranes de un Charlie Chan, pero había...”, tacha la referencia a Charlie Chan y la sustituye por los nombres de Ironside y de Perry Mason; la influencia de la TV y de los nuevos referentes del género es evidente.

martes 17 de febrero de 2009

Los buitres negros

Los buitres negros, Servicio secreto, nº 16, Bruguera, Barcelona, 1950, portada (presumiblemente) de Provensal, ilustraciones interiores de Macabich
Un hombre despierta magullado en la ribera de un río; no sabe quién es ni que hace allí, vestido con ropa de vagabundo; un mendigo le acoge y le explica el lenguaje secreto de los pedigüeños. Comete un pequeño robo y decide acercarse a la ciudad de San Francisco, donde traba amistad con un rudo marino, Steve, que decide ayudarle al conocer su particular drama; cuando están en una taberna portuaria, una elegante mujer entra y le identifica como su marido, Fergus Carfax.
Este brillante planteamiento se empieza a resolver cuando la narración nos desvela que el desmemoriado es, en realidad, Daniel Sanders, el protagonista de Peces de platino, y que fue lanzado al río por la artista circense Leonor siguiendo las indicaciones de la secta Los buitres negros. Los buitres negros es una asociación de malhechores que, dirigida y orquestada desde el Japón, “odiando la raza blanca, tenía un historial de asesinatos, intriga y terror sin parangón” (43), veía en Sanders un peligro para sus maquinaciones; en realidad Leonor tenía que matar a Sanders pero en el último momento decidió protegerle; Los buitres negros, que siempre se reúnen camuflados bajo caperuzas y túnicas blancas, no se lo perdonan y la asesinan.
La mujer que dice identificar a su marido en el amnésico Sanders es Celia Harrigan, un bella heredera que, no aceptando la muerte de su marido, cree verlo en cada desconocido que encuentra; su psiquiatra, Frank Mortimer, insta a Sanders a que le siga el juego para así conseguir que pueda aceptar la muerte de su esposo. Mientras, la bella periodista Betty Blondel y el agente Graham Lefer empiezan a investigar la extraña desaparición de Sanders. La acción se complica cuando descubrimos que Carfax no está muerto sino que es un miembro de Los buitres negros y que fingió su muerte para poder urdir sus planes malignos; deseoso de la muerte de su esposa, asesina a Steve, el marinero que quería ayudar a Sanders , e intenta matar a este último, que ha recuperado la memoria al ver a Betty Blondel. El pérfido plan de Carfax es abortado por la intervención de de Graham Lefer y finalmente Sanders restituye el orden: los malhechores son detenidos y condenados amuerte, Celia Harrigan y el doctor Mortimer se casan y Sanders -que era hijo de un potentado- vuelve a su ramcho para abandonar la aventura y casarse com Blondel.
La novela se plantea como una continuación inmediata de Peces de Platino y si esta narración acababa con el viaje en tren de la compañía de circo a San Francisco, Los buitres negros arranca desde los vagones de ese mismo tren y viaje. Ahora bien, la estructura narrativa se organiza de forma espectacular; los tres primero capítulos, que parecen un remedo avant la lettre de El caso Bourne de Ludlum son una verdadera obra maestra de la narración policial. A partir de ahí la historia avanza firme con la aparición de una secta oriental que quiere dominar el mundo -una formulación que quizás ya en los años cincuenta tenía un aire demodé- y la aparición de interesantes personajes, muchos de ellos -sobre todo en el entorno de Celia Harrigan- cargados de notable ambigüedad.Sanders acaba casado y la novela se permite un epílogo donde, años después, le vemos en el rancho familiar rodeado de un par hijos varones a los que augura una vida aventurera; posiblemente sea esta una de las últimas novelas de Servicio Secreto donde aparece un personaje de continuidad de una novela otra. A partir de ese momento, las novelas estarán protagonizadas por héroes distintos en cada una de las entregas. Por esa presencia de un personaje de continuidad, por la presencia de una secta de individuos orientales vestidos con una caperuza extravagante que quieren controlar el mundo, por la aparición de estructuras narrativas de gran modernidad que no encajan con ciertos planteamientos simplistas en el retrato de los malhechores, la novela podría quizás ser considerada el último pulp.