viernes, 12 de septiembre de 2008

Pánico en la costa Azul

Pánico en la Costa Azul, Guante blanco, 1, Ediciones L.E.S.T.E.R., Barcelona, 1944, Portada de Provensal
Legendario título de la producción de nuestro autor que firma con su real nombre, que inaugura una colección de culto, que presenta al inspector Victor Vital y todo ello construyendo una novela más policíaca que negra dotada de una impecable construcción y tintada de múltiples elementos de interés.
Evaluó al inspector Vital: un comerciante, un jefe de oficinas, un profesor de instituto... cualquier individuo de ocupación sedentaria podía tener la envoltura carnal del policía sentado frente a él. El comisario Fetard le había asegurado que mandaría al mejor de sus inspectores: por lo tanto, aquel rostro pulcramente afeitado, sin rasgos sobresalientes, regular, tenía que ocultar un cerebro privilegiado. (p. 30)
En 1939, en el pequeño pueblo de Rochard, sito en la Costa Azul, se produce un crimen extraño; el capataz Frusta es asesinado y todo parece inculpar al ingeniero Duchense, un prestigioso científico que cortejaba a la hija del finado y que, además, es yerno del hombre más poderoso de la zona, el barón de Creil. Victor Vital es enviado desde París a resolver el enigma que ha conmocionado este pequeño pueblo donde hay un simpático y severo cura rural -el padre Dupont.- un hostal gobernado por rijosas campesinas, lujosas residencias donde viven escritores y actrices de renombre y un apacible clima. Además del crimen, en los últimos días se acumulan hechos extraños, por ejemplo, la llegada de un vagabundo -Phillippe Martial- que es contratado por una -joven y bella- empresaria avícola del lugar -Arlette Berry-. Asimismo, en el destacamento militar que hay cerca de la población ocurre algo extraño: el rebelde teniente Faucon, tras una visita al cabaret de la bella Paola Mondori, es asaltado a las puertas del cementerio tras ver un extraño fantasma. Poco después el ingeniero Dúchense es asesinado de igual forma a como lo había sido Frusta y se descubre que estaba trabajando en un importante secreto militar. Faucon vuelve a ser asaltado tras ver en el cementerio a una joven hermosa asesinada y al despertar se le acusa de los crímenes y de ser un espía al servicio de una potencia extranjera; poco después se comprueba su inocencia y se desvela que el enigmático vagabundo era en realidad un espía del servicio secreto francés.
La trama se resuelve con la muerte de Paola, que resulta ser una espía que escondía un radiotransmisor en el cementerio, y el descubrimiento de que tras todos los crímenes -Frusta, Duchese, la enigmática chica hermosa de la portada, Paola y los dos intentos de asesinato sobre Faucon- estaba el padre Dupont, en realidad, un espía nazi que había desnucado a todas sus víctimas con su paraguas, que había asesinado al real padre Dupont y que mató a la chica hermosa por ser la sobrina del auténtico capellán.
La trama detectivesca está planteada y resuelta de forma excelente, con claridad, emoción y sorpresa final y la novela debe mucho a Agatha Christie en la ordenación de la trama -Vital tiene mucho de Poirot- al tiempo que también resuenan ecos de Poe y Chesterton -se les cita explícitamente-, de Edgar Wallace -una compleja conjura tras unos crímenes aparentemente anodinos- y quizás incluso de Oppenheim en el gusto por ambientes selectos de la Riviera francesa La novela se enriquece con el conocimiento personal que Debrigode tenía de los paisajes descritos y literariamente la obra tiene un alto interés. Ello es gracias a su estilo preciso y certero, al perfecto equilibrio entre las diversas tipologías textuales, al muy buen control de la trama e incluso a ciertas arriesgadas propuestas estructurales: la novela se organiza a partir de un primer capítulo que da paso a un elegante flash back que sólo sabemos que lo es cuando llegamos al primer tercio de la narración. Por si faltara algo, la novela se cierra con una reflexión metaliteraria; el escritor Tresham, testigo de algunos de los hechos, concluye: La humanidad lectora es desconcertante, Gallien. Si inventamos, nos creen. Pero si relatamos hechos reales, el lector nos tacha de muy imaginativos, y no quiere creer que cuanto ha leído, sucedió... (p.80)
La novela tiene , además virtudes múltiples. El Marqués de Ferblanc, en su imprescindible blog sobre Novela popular ya ha señalado una lectura de la novela en clave biográfica que puede ayudar a entender determinados elementos del relato. En todo caso, es admirable señalar cómo en una novela escrita en 1944 -años negros, de férrea censura franquista-, nos encontramos con una ataque a la disciplina militar que el propio Debrigode tuvo que sufrir -Los jueces militares, como decía el capitán Conan, por el sólo hecho de ser nombrados jueces, se creen que la función crea la competencia. Y cretinos que no servirían ni para vender corbatas, pretenden juzgarme. (p.64)-, con escenas de notable tinte erótico -Pisando suavemente, Vital se acercó a la entreabierta puerta del camerino de Paola. De perfil, sin la bata, Paola alisaba la media que acababa de ponerse y cuidadosamente la abrochaba al portaligas. (p.73)- y con un relato donde el criminal es un -falso- sacerdote católico que esconde la identidad de un oficial alemán. Y todo ello en 1944.

1 comentario:

José Luís Romero dijo...

...En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo...
...Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida...
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.

http://minovelanegra.blogspot.com/