miércoles, 19 de marzo de 2008

Tres dalias negras






Tres dalias negras, Servicio secreto, nº 353, Bruguera, 1957. Portada de Emilio Freixas.
Excelente novela negra pura, ambientada en Nueva Orleans que empieza cuando el detective -de tercera, sin un dólar- Milton Randal, recibe la visita de una dama de “busto alto, talle estrecho, piernas esbeltas y piececitos lujosamente calzados” (9), Vivian Barclay Muir, encargándole que demuestre como su padre, Mortimer Barclay, no se suicidó sino que fue asesinado por su cuñado Ted Travers, casado con su hermana gemela Doris. Randal ve algo raro y no se decide a aceptar el caso pero al salir de su despacho es asaltado por un matón que le insta a no coger el caso; se pelean y Randal lo noquea y al hurgar en su bolsillo encuentra un documento singular: una licencia de matrimonio de Mortimer Barclay, quien murió -ytodos creían- viuso y sin compromiso. Poco después se descubre que el matón está muerto -accidentalmente, al darse con la cabeza en el suelo- y la policía empieza a acorralar a Milton, que dice no saber nada aunque lo ocurrido le anima a aceptar el caso. Se traslada a la población de Meridian, dialoga con el jefe de policía Willim Conroy y se instala en un motel que recuerda al de El cartero siempre llama dos veces; allí conoce a la mujer del dueño, un ex traficante y consumidor de drogas. Ella se llama Edith, que “acudía cimbreante. Su blusa verde tenía una flechita de perlitas apuntando sobre el corazón y el pantalón tejano negro también tenía perlitas en el borde de los bolsillos (...) según qué mujer, con pantalones resulta más mujer. Ella era de ésas (30)”.
La investigación avanza y Randal es asaltado y torturado brutalmente por unos individuos que le exigen el certificado de matrimonio, consigue escapar tras una violenta escena y saltar al agua, pues estaba en un barco. Es recogido por el matrimonio Lash que vive en un yate anclado delante de la casa donde murió Barclay. Randall conoce a Doris, una mujer adorable y descubre que su marido es un hombre sin suerte que ama a su esposa y a los cuatro hijos del matrimonio, imposible un asesino. Intima amistosamente con la escultural Edith y aparecen muertos los tipos que le torturaron, uno de los cuales aparece cadáver en la habitación de Randal y resulta ser el marido de Edith. Todo parece encaminarse a acusar a Randal pero éste finalmente descubre que todo era una trama urdida por el policía Conroy, que falsificó el certificado de matrimonio de Barclay casándolo con Edith, que intentó apartar a Randal del caso y que resultó ser el asesino real de Mortimer; la mujer del matrimonio del barco, Mary Lash, hacía chantaje a Vivian con difusas pruebas de lo que había visto y al advertir que su inocente marido podía desenmascararla, lo mató. Las tres dalias negras eran Vivian -que quería incrimuinar a su odiado cuñado- Edith y Mary Lash.
La novela acaba con media docena de cadáveres y en algún momento es algo rocambolesca y confusa, pero se sostiene bien de principio a fin, con un excelente personaje de género, un detective de tercera, noble y leal, que se enamora de la bella Doris pero que acaba la novela cortejando a una mujer -¿una prostituta?- que le recuerda a Doris pues “Es algo muy serio ser un sentimental” (120).
El estilo se enriquece enormemente con el uso de la primera persona, es cortante, de frases breves - tras interrogar indignamente a los hijos de Doris, “Yo me aparté como un ladrón robándole dinero a un ciego tullido (75) o después de tener un momento Ross-Rachel con Doris, se aparta: “Para demostrarlo me dirigí a toda velocidad hacia la casa. No soy un canalla, pero hay límites para el heroísmo” (82). Destaca la notable fuerza descriptiva: mientras le torturan “me mordí una tajada de labio, saboreando a la fuerza la tibieza de hierro y sal, que así me sabía mi sangre” (45), y los diálogos tiene una fuerza brutal:
“-Gracias, Milton.- y me besó. La dejé. Total, mintiera o no, le había fracasado el plan. Apartó los labios para susurrar: -¿Eres detective, verdad?
-Lo que soy es un capullo, nena. Ahora dame el volante” (64)
En definitiva, una delicia en estado puro. Novela negra que bebe quizás de El cartero siempre llama dos veces de J.M. Cain y que tiene sus apuntes parabiográficos como pueden ser la presencia de dos hermanas gemelas y el matrimonio con cuatro hijos.

1 comentario:

Jaume Provensal Baus dijo...

Viendo blogs como este, entran ganas de recopilar estas novelas y ponerse a leerlas!

Yo no conocía estas novelas hasta que me puse a indagar sobre ellas para encontrar las ilustraciones de mi abuelo. La verdad es que actualmente no tengo ni una. Solamente alguna plantilla de sus ilustraciones.